Había llevado hasta la casa del crimen a una amiga de la familia, a quien invitó a tomar algo. Esperaba una respuesta para ver si también salía la dueña de casa, cuando llegó el presunto asesino y lo echó.

Si aquella noche, Marisol (Pereyra) no se hubiera quedado en la casa de Bárbara (Santos) habría salido a tomar algo conmigo ”. El remisero Marcelo Tagliaferro (38) todavía lamenta el destino de ese viaje al departamento de la calle 28, donde su pasajera terminó muerta a puñaladas y palazos con su amiga Bárbara Santos (29), la madre de ella, Susana De Barttole (63), y la hija, Micaela Galle (11). El había invitado a salir a Marisol y esperaba una respuesta también de Bárbara, para entonces llamar a un amigo y salir los cuatro .

Según Tagliaferro, el domingo a las 0.20 llegó con Marisol al departamento. La pasajera había convenido con el chofer que, si Bárbara aceptaba, saldrían los tres y que Tagliaferro podría invitar a un amigo. ¿Qué situación cortó esa posibilidad?. En la declaración ante el fiscal Alvaro Garganta, el remisero explicó que Marisol bajó del auto, tocó timbre, y entonces “se queda un segundo parada en la vereda y aparece un tipo que avisa que Bárbara se está bañando”. Según el remisero, esa persona era Martínez, novio de Bárbara.

Tagliaferro asegura que Martínez y Marisol entraron por el pasillo hasta el fondo del PH, y que él se quedó en el auto.

“No pasaron 5 minutos y el tipo salió de nuevo. Estaba en cuero, con un pantalón negro, y me dijo: “Flaco, andá que después (Marisol) llama a otro remís” .

Entonces, el chofer se fue” . El testimonio resulta un soporte de la hipótesis del fiscal para atribuirle “ agresiva celotipia” a la conducta del presunto matador.

Bajo esta hipótesis, Martínez habría enloquecido de celos por la posible salida imprevista de su novia, activada por la llegada de Marisol. Y, siempre según la presunción fiscal, decidió eliminar a su pareja. En la masacre incluyó a Marisol y Susana. Micaela descansaba en su habitación después de haber cenado con su madre, Bárbara, y su abuela. Tampoco esquivó la furia del criminal.

Ayer, el fiscal Garganta realizó una segunda inspección del departamento en busca de más evidencias. Hasta ahora tiene muestras de sangre, una cuchilla, un palo de amasar con adherencias de pelos y sangre. También una huella dactilar del presunto asesino sobre el panel lateral trasero –cerca del baúl– del Chevrolet Corsa del remisero, cuando supuestamente se apoyó para comunicarle el cambio de planes de Marisol.

La fiscalía tendrá los resultados de las pericias la semana próxima. Garganta considera que los indicios sobre la presunta responsabilidad de Martínez en los hechos son “vehementes”. Para la fiscalía, son pruebas confrontables.

La estrategia defensista comenzó ayer con una desacreditación directa del testimonio del remisero. El abogado Julio Beley entiende que es atacable: “La cara se la veo a medias, por el espejo del Corsa, estaba oscuro, no le vi bien los rasgos, me tapaba el canasto de basura y un árbol de la vereda” . Es la declaración de Tagliaferro en el expediente. Fuera de tribunales dijo que estaba seguro que se trataba de Martínez “en un 90 por ciento”. Pero eso no tiene validez jurídica.

“¿Y si el remisero tuviera algo que ver (con el crimen)?”, especuló Beley. Tiene otra previsión: acusar al remisero por falso testimonio e invalidar sus dichos . Para las lesiones en los antebrazos de su defendido tiene respuestas: en el derecho tiene una hematoma compatible con una extracción de sangre. En el izquierdo, arañazos leves de una mascota. La fiscalía apunta a una pelea. Tal vez, la resistencia de las víctimas .

Por estas aparentes evidencias, la fiscalía mantiene la acusación por homicidio (de Bárbara) y de homicidio calificado (las otras tres mujeres) porque el asesino eliminó la posibilidad de testigos.

Hasta ahora, la secuencia de los asesinatos es un misterio. Si se acredita que primero mató a Susana y Marisol en la cocina, y que después atacó a Bárbara, para terminar la matanza con Micaela, revelaría cierta elaboración, un plan ligero, en el desarrollo de las agresiones.

Un despechado colérico agrede a su obsesión. En este caso, Bárbara . El comienzo por las testigos manifestaría alguna premeditación.

Son especulaciones. Un acercamiento a la prueba será el reconocimiento de mañana, a las 16, ordenada por Garganta. Tagliaferro deberá probar que “ese 90 por ciento” de certeza que tiene sobre las características físicas de Martínez corresponde con alguno de los cinco hombres expuestos en la rueda de identificación.

En todo momento el acusado negó los cargos. En la indagatoria, Martínez explicó que el sábado a la medianoche permaneció en su casa de Melchor Romero, y que después de mirar una película se durmió. Su abogado solicitará el secuestro de los videos de las cámaras de seguridad del municipio, para demostrar que Martínez no circulaba con su Fiat Uno por las calles platenses cuando ocurrió el crimen. Tal vez conozca el resultado: el auto blanco no es identificable en los registros fílmicos

 

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