El legislador nacional Juan Dante González (Mendoza-PJ) sostiene que se necesita una política de Estado en materia energética; que los trabajadores tienen que estar en los ámbitos de toma de decisiones, pero no abusar de ello; que no está bueno que la representatividad obrera se concentre en uno solo, y que Argentina necesita pacificación. Le gustaría ir por un nuevo mandato, y para la próxima gestión nacional pide más políticas inclusivas, sin soberbia ni rencores.

Juan Dante González es diputado nacional Mendoza-Frente para la Victoria, ingresó a la Cámara baja en 2007, en la lista kirchnerista y «en representación del movimiento obrero» y es el secretario General del Sindicato de Trabajadores del Petróleo, Gas y Biocombustibles de Cuyo, con sede en la ciudad de Mendoza.

Como legislador, González estampó su firma en 24 proyectos, entre los que se cuentan el Programa de protección a testigos; modificaciones al contrato de trabajo; Ampliación de la promoción industrial en la provincia de Mendoza; modificaciones al impuesto a las ganancias en beneficio de los trabajadores; inembargabilidad de las cuentas sueldo; modificaciones en la ley de transporte automotor de cargas, y mismos derechos de seguro de desempleo para trabajadores no registrados, entre otros.

Un diálogo:
-Ud. ingresó al Congreso en 2007, pero el año pasado hubo cambios importantes, ¿cómo se viven desde adentro?
-Sin duda ha cambiado el mapa político. Hemos tenido discusiones muy importantes como la ley de matrimonio para personas del mismo sexo –la que voté en contra por convicciones propias y en representación de una gran mayoría del pueblo de mi provincia que vive y piensa las cosas de manera diferente que quienes viven en Buenos Aires-; antes el traspaso de los fondos de las AFJP, y ahora la discusión del 82% móvil.
-¿Está de acuerdo con esto?
-Hay que ser realistas. Como dirigentes del movimiento obrero no podemos de dejar de tener presentes un reclamo del sector pasivo, pero también hay que evaluar la realidad del país y no llenar de expectativas a nuestros jubilados a costa de algo que no pueda ser viable y sostenido en el tiempo. Tampoco podemos condenar al sistema.
-¿Votó este proyecto?
-Dimos la discusión durante toda la jornada junto a otros 10 legisladores provenientes del gremialismo, porque el 82% móvil es una bandera histórica que no debe ser arrebatada ahora por quienes antes hicieron bolsa el sistema previsional y la economía del país.
Yo ideológicamente no puedo oponerme, pero tampoco puedo estar a favor de un proyecto insustanciable que juega con la ilusión de nuestros jubilados y que no prevé financiamiento real.
-El problema es garantizar la continuidad…
-Exacto. Hay que recordar que hace apenas algunos años se postergaban las fechas de pago de los haberes jubilatorios porque no había fondos. Hoy al menos se cobra en la fecha prevista y se garantizan dos aumentos anuales, que seguramente son insuficientes y está lejos de ser lo que merece la clase pasiva, pero al menos, se ha comenzado una política activa en este tema.
No es cuestión de acortar el camino para llegar más rápido al abismo. Hay que ser responsables y mostrar madurez.
Tampoco hay que engañarse; este proyecto no es amplio, habla sólo del mínimo vital y móvil, y si vamos a discutir políticas previsionales en serio, tienen que ser más abarcativas.
-En 2011 termina su período, ¿le gustaría renovar?
-Sí, me gustaría volver a cumplir otro mandato como diputado.
Creo que es positivo también para el movimiento obrero de Mendoza y para nuestra actividad.
Gracias al rol que cumplo como legislador nacional, en mi provincia la actividad petrolera ha tenido un cambio importante, y esto se debe también al trabajo de todo mi equipo.
Hemos podido juntarnos con referentes técnicos de la actividad para fijar políticas para el mediano y largo plazo, y esto es fundamental, porque quienes ocupan cargos políticos pasan, pero los trabajadores y las empresas de la actividad estamos por un tiempo largo y desde el gremialismo y el Congreso, tenemos la obligación de pensar e impulsar políticas duraderas, que generen cambios genuinos, algo que no se ha hecho por muchos años en la provincia de Mendoza.
-Tampoco se hizo en el país, donde se dice, hay cada vez menos reservas de petróleo…
-En el tema de reservas también hay que ser cautos. Durante mucho tiempo se dijo que quedaban reservas para escasos años, y desde entonces, pasaron más de 30 años y seguimos teniendo, lo cual no quiere decir que haya para tirar para el techo.
Es necesario generar políticas de Estado que permitan que los planes energéticos para el país sean actualizados por completo.
Hablo, como primer paso, de concientizar acerca del ahorro.
Argentina no es un país petrolero, es un país con petróleo. Tampoco es un país gasífero, es un país que tiene gas.
Esto también incide en la actividad de las energías alternativas que están en vías de desarrollo.
-¿Por qué Chile pudo crecer en el tema energético?
-La explicación de por qué un país como Chile, más chico, sin petróleo ni gas ni el sistema hídrico que tiene nuestro territorio es que ha logrado, entre otras cosas, establecer una política energética basada principalmente en el ahorro y la inversión, lo que les garantiza pasar verano e invierno sin sobresalto por falta de gas o electricidad, en cambio Argentina no ha generado esos cambios.
-¿Y cómo se logra mejorar en esto?
-Como primera medida, no regalando la energía. Una garrafa no puede costar $16. Al que necesita y no puede pagar, tiene que tenerla por mucho menos que $16, pero quienes sí pueden pagar, tienen que hacerlo al valor real que hoy superaría los $32. Lo mismo ocurre con la red de gas natural donde hay sectores altos que pagan monedas y esto genera que no nos importe su derroche, e impide que adoptemos la costumbre de ahorrar energía. Esto ocurre tanto con el gas como con la electricidad.
-Pero más allá del ahorro, ¿qué se debería hacer?
-Hay que cambiar la política restrictiva.
Cuando el precio internacional era US$ 147, en Argentina se pagaba US$ 47, y US$ 100 quedaban para el Estado, pero las empresas no dejaban de ganar, el problema es que la rentabilidad era a expensas de la no inversión, lo que llevó a la pérdida a las provincias y al país.
Menos inversiones es sinónimo de menos reservas, menos fuentes de trabajo. Eso hay que cambiarlo.
Es bueno limitar para que lo que hay en Argentina cubra el consumo interno, pero también hay que darles a los inversores el estímulo correspondiente, para que exista la posibilidad de que se generen nuevas inversiones serias, duraderas, que devenga en mayor producción, lo que significaría más reservas y mayores fuentes de trabajo genuino.
-¿Esto se puede lograr desde el Congreso o necesita del Poder Ejecutivo?
-Esto debe ser una decisión política que no es fácil. Si comparamos con Chile, allí hay una política económica-financiera diferente a la nuestra. La Argentina fabrica, hay producción nacional y cada vez con más valor agregado. Allí casi todo proviene de afuera.
En este sentido, es un ejemplo que nuestro país no quisiera imitar.
Acá queremos preservar lo nuestro, seguir fabricando, tener industrias nacionales, y para eso, no hay que caer en una política en la que no entra ni sale nada.
-El 2011, en términos de política partidaria, va a ser movidito, y Mendoza no parece ser la excepción…
-El mendocino ha cambiado su opinión acerca del gobierno provincial y también acerca de la política nacional, aunque el gobierno de Celso Jaque todavía cuenta con cierta adhesión.
Sin embargo, la actitud de saltimbanqui de Julio Cobos genera un descreimiento por parte del mendocino que se va a demostrar cuando llegue la hora de las urnas. La realidad provincial de hoy no es la que pretende hacer creer la UCR.
-¿Se avecinan meses convulsionados?
-Yo creo que estamos viviendo un momento como hacía mucho que no ocurría, que es volver a apasionarse por la política.
La discusión política, ya sea de manera interna o entre fuerzas políticas que piensan distinto, hay que saber aprovecharla, porque puede ser positivo y ayudar al crecimiento, pero se necesita de seriedad y responsabilidad para que estas divergencias no terminen perjudicando al país.
La discusión siempre forma parte de la democracia, y está bien que así sea, pero el país tiene una historia cruenta, una historia en la que supo atravesar momentos sumamente difíciles, por eso hoy, quienes transitamos el camino de la política le debemos al país, nuestra cuota de responsabilidad para ser parte de la construcción, no de la destrucción.
-En este marco, ¿cuál es el lugar que debe ocupar el movimiento obrero?
-Durante años hemos visto desmembrarse a las columnas sindicales y hemos pagado caro ese alejamiento que se profundizó en los ’90, y costó mucho volver a recuperar los lugares que le corresponden a los trabajadores. Por eso, hay que aprovechar el posicionamiento que supimos conseguir, porque es el lugar que en su momento tuvieron que ocupar otros movimientos que se alzaron en representación de sectores necesitados, relegados y desocupados, y esto fue un vacío que dejó el propio movimiento obrero. Considero que es trabajador no tiene que “estar” con el poder, sino que tiene que “ser parte” del poder, pero no hay que darle un mal uso, porque si no, estaríamos perjudicando a las generaciones venideras de trabajadores.
-Pero hoy parece estar concentrado en un solo lugar…
-Y eso tampoco es bueno. No es bueno que un solo referente concentre en sí mismo todo el poder y lo maneje de manera muy particular. Los trabajadores tienen que estar en los lugares donde se toman las decisiones, pero no hacer abuso de ello.
-Pensando en el próximo mandato, ¿qué perfil de gobierno cree que necesita la Argentina?
-Anhelo un proyecto que contemple y profundice políticas inclusivas, que contemplen sectores que han quedado excluidos, incluso, hasta por cierto grado de soberbia o de mal uso del poder. Debe llegar el momento de la pacificación en la Argentina, con todos los sectores.
No se puede pretender generar mayores fuentes de trabajo si no estamos en paz con los actores que requiere esta cadena: el sector productivo a través de las empresas y las Cámaras, y el movimiento obrero. Necesitan trabajar todos en conjunto y consolidar lo que tanto nos ha costado conseguir.

Fuente Urgente 24.com

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