Poco antes de que la asablea de la Puerta del Sol de Madrid decidiera que por ahora no se mueven de la céntrica plaza madrilña, Barcelona ha tomado su decisión. Los integrantes del movimiento han decidido pasadas las diez de la noche a la que han asistido centenares de personas, y que ha comenzado con una actuación del cantautor Paco Ibáñez, permanecer en la Plaza de Catalunya por lo menos hasta el próximo martes. Ese día volverán a someter la decisión a votación.

 

La decisión la han tomado poco después de la prueba de fuego que tuvieron que superar anoche. Los indignados de la plaza de Catalunya superaron con nota la prueba que suponía la celebración de la victoria del Barça en la Champions junto a la fuente de Canaletas, situada a unos metros. Los mismos Mossos d’Esquadra que cargaron de manera desproporcionada contra ellos durante una «operación de limpieza» del campamento en previsión de incidentes por la celebración de la victoria futbolística, felicitaron este domingo a los acampados por su «colaboración» para garantizar el orden público. Un portavoz del movimiento explicó que fueron los jóvenes los que por su cuenta montaron su propio dispositivo de seguridad para protegerse de las cargas policiales contra los alborotadores que pudiera haber esa noche, como sucede en las celebraciones de las victorias del Barça.

 

Un día antes, el sábado, de nuevo una votación fue la que estableció que se quedaban en la plaza pasara lo que pasara con el Barça. «¡Felip Puig, dimisión!». El grito corrió de boca en boca entre los centenares de indignados de la Plaza de Catalunya que asistían a la asamblea general que tenían que votar si se quedaban o se iban para evitar problemas en la celebración de la Champions en caso de que el Barcelona, como finalmente ocurrió, ganase. Hubo debate y distintas propuestas y al final decidieron lo predecible: resistir. «¡No nos dejemos asustar por lo que pasó! ¡Nuestra lucha no es contra el Barça ni contra la poli, es contra esta sociedad!», arengaba uno de los oradores desde la tribuna.

 

Tras el triunfo del Barça sobre el Manchester United, la celebración se mezcló con la acampada de los indignados, que habían decidido permanecer allí y que, finalizado el partido, comenzaron a formar cordones de seguridad para impedir que entraran en su zona grupos de descontrolados. Ambas manifestaciones -festiva, ruidosa y dando botes una; quieta, tranquila y dialogada la otra- resultaron ser perfectamente permeables, en contra de lo que temía el consejero de Interior, Felip Puig, que el viernes ordenó una intervención de los Mossos d’Esquadra para «limpiar la plaza», que acabó con 121 heridos.

 

Pese a la espontánea convivencia, un centenar de indignados identificados como «acampados» en un folio pegado a la camiseta se esforzaron en transmitir sus intenciones: «Estamos acampando, no la lieis mucho, aquí no celebramos lo del Barça», alertaban a la oleada culé con espíritu de servicio de orden

 

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