El príncipe de Inglaterra y su prometida se casaron en la abadía de Westminster en una ceremonia emotiva.

El príncipe Guillermo y Kate Middleton se convirtieron este viernes en marido y mujer en una ceremonia celebrada en la abadía londinense de Westminster con cientos de millones de personas de todo el mundo como testigos a través de la televisión e Internet.

Los nuevos duques de Cambridge dijeron “sí quiero» frente al altar principal de la abadía de Westminster, tras lo cual el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, los declaró marido y mujer.

«Pronuncio que sean hombre y mujer juntos, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén», dijo Williams.

Antes, los novios prometieron «amarse, confortarse y honrarse» en los votos matrimoniales que intercambiaron frente al altar y el príncipe Guillermo puso el anillo a la novia, una alianza de oro regalado por la reina, procedente de una mina del País de Gales, tal y como establece la tradición de la monarquía británica.

La pareja utilizó para la ocasión la ceremonia prevista en la Serie Uno del Libro de Oración Común de la Iglesia de Inglaterra.

Eran las 7, hora argentina, cuando Catherine se convirtió en su Alteza Real la duquesa de Cambridge, un título que William recibió por la mañana de su abuela, la reina Isabel II.

Todos los ojos estuvieron puestos en una contenida y emocionada Catalina, vestida con un elegante vestido color marfil, diseñado por Sarah Burton para la firma del fallecido Alexander McQueen.

La pareja sonrió y se miró constantemente a los ojos mientras intercambiaron los votos matrimoniales, flanqueados por el príncipe Enrique, hermano de Guillermo y padrino en esta boda, y de Michael Middleton, padre de Catalina.

La ceremonia se desarrolló con precisión matemática y solo hubo un momento de duda cuando Guillermo tuvo problemas para poner el anillo en el dedo anular de la mano izquierda de su esposa. El príncipe Guillermo no llevará alianza de casado.

El «sí quiero» fue recibido con júbilo en todo el país, como así también el tan esperado saludo y «beso en el balcón del Palacio de Buckingham», donde millones de personas esperaron para ver y  aún siguen en las calles y en sus domicilios, la que fue declarada como la primera «boda del siglo XXI».

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