Eduardo Vásquez es juzgado por el crimen de su esposa Wanda Taddei.

El ex baterista de Callejeros aseguró que está preso “por las dudas”. Durante más de una hora recordó cómo conoció a Wanda Taddei, cargó contra sus ex suegros y aseguró que el hecho que terminó con la joven quemada fue un accidente.

Con la cabeza gacha, esposado y escoltado celosamente por agentes del servicio penitenciario federal. Así entró Eduardo Vásquez a la sala de audiencias de la planta baja del edificio de Tribunales, ubicado en Lavalle 1171, para afrontar la primera audiencia del juicio oral por la muerte de su esposa, Wanda Taddei. El ex baterista de Callejeros dio su versión de los hechos y expresó su frustración: “Estoy preso por las dudas.”

De entrada, Vásquez sorprendió con su apariencia. Dejó atrás  el look desaliñado de su época como músico de rock y optó por una vestimenta más formal: pantalón de vestir negro, camisa blanca y suéter claro. En cuanto a lo físico, se lo vio con unos kilos de más y el pelo bien corto.

Pasadas las 10 de la mañana, el Tribunal Oral Criminal Nº 20, integrado por los jueces Luis Fernando Niño, Pablo Gustavo Laufer y Patricia Mallo, dio comienzo al proceso contra el ex baterista, a quien se lo juzga por homicidio agravado por el vínculo.

La audiencia de ayer sólo alcanzó para escuchar al acusado, quien durante todo su relato, que duró más de una hora, evitó la mirada de la madre de Wanda, Beatriz Taddei, y más de una vez su voz se quebró por el llanto, como en el momento en el que se le preguntó sobre su madre, Dilva Lucía Paz, fallecida en la tragedia de Cromañón, en diciembre de 2004.
“La necesidad de hablar es obvia, porque considero que el tratamiento que se está dando genera más mentiras”, comenzó el baterista. “Yo era músico, me considero una persona humilde, sencilla, que tuvo muchos golpes en la vida. La relación con Wanda fue de mucho amor. Nunca le pegué, nunca la sometí a malos tratos, siempre le dí lo mejor de mí.”
En relación a los días posteriores al hecho dijo que “mientras pasaba una crisis muy fuerte en lo emocional y lo afectivo me encerraron en un buzón. Nunca se tuvo en cuenta mi estado de shock, el haber tenido una segunda experiencia con el fuego y la pérdida que sufrí”. Luego, relató su historia con Wanda. Se remontó a 1994, año en que la conoció cuando ella tenía apenas 14 años y como esa primer relación se vio frustrada: “Un día me encontré a un Jorge (Taddei) que me dijo: ‘Raja de acá. No te acerques a Wanda’.”

A partir de ese momento, según su testimonio, la joven sufrió mucho a mano de sus padres. “Me dijo que paso tres años de encierro, que la sacaron de la escuela y le ejercieron violencia física, sobre todo de parte de la madre. Los abusos de la mujer la hicieron rebelde”, contó el músico, ante la mirada atenta de Beatriz Taddei, que hizo un esfuerzo por no llorar.
Según Vásquez, en 2008 se reencontraron y retomaron la relación. Wanda ya tenía dos hijos y estaba separada de su primer marido. Entonces se fue a vivir con ellos y se casaron en noviembre de 2009. “Hacíamos todo juntos. Esa etapa la vivimos como gente feliz, una pareja de amor, nunca hubo golpes. Para los dos siempre fue un amor sagrado”, explicó.

MADRUGADA TRÁGICA. Vásquez también se refirió y respondió preguntas de los jueces y las partes sobre lo ocurrido el 10 de febrero en la casa de Pizarro 7083, en Mataderos, que derivó en la muerte de la joven unos días después. El músico hizo un relato minucioso que coincidió con la versión que dio desde el principio, pero se contrapone con ciertas pericias realizadas durante la instrucción. También hubo tiempo para una breve reconstrucción en la sala en la que el fiscal Oscar Ciruzzi hizo las veces de Wanda.

Según Vásquez, ese día al llegar en horas de la madrugada tuvo una fuerte discusión con Wanda, ella intentó pegarle con una botella de alcohol, él la detuvo y en el forcejeo que siguió se abrió la botella y se empaparon con su contenido. Cuando se calmaron, Vásquez prendió un cigarrillo y se le quemaron las manos. Wanda intentó ayudarlo y también se prendió fuego. “Siento que no hice nada malo –dijo con la voz quebrada–, que estoy preso por las dudas. Yo no rocié a mi mujer ni la prendí fuego, como un hijo de puta puede llegar a hacer. Me considero inocente, nunca le hice daño a mi mujer ni a nadie”, concluyó.

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