ROSARIO.- Ahora a Luciana Aymar se la puede tener en la mesita de luz para releerla por las noches. Su libro biográfico, publicado recientemente, es un testimonio más de los increíbles logros de su vida, una chica rosarina común y corriente que de pronto resignificó el hockey femenino internacional. «Nunca imaginé el libro ni todas las cosas que me pasaron en este deporte. Ni participar en un Mundial, en los Juegos Olímpicos, ni nada», jura, con esos ojos que evidencian las ganas de salir a jugar ya por los puntos.

Luciana Aymar, como en su casa
Las calles de la ciudad de Rosario están empapeladas con la imagen de la N° 1. Ella es el rostro emblema de este seleccionado que mañana debutará ante Sudáfrica a las 19.30, por el Grupo B del Mundial. En un afiche de la municipalidad se la observa en un clásico festejo con la camiseta argentina; en otro, en el que promociona las bondades de un shopping, está vestida como una ejecutiva que sale de compras. «Todo esto es impensable -insiste-, incluso que el torneo se juegue prácticamente en el jardín de mi casa, como dice el Chapa Retegui, porque el Interior, tradicionalmente, tuvo pocas canchas de sintético. Pero yo creo en el destino, y todo se dio vuelta para que el Mundial terminara jugándose acá».

-¿Y para vos eso qué representa?
-Lo siento como un regalo de la vida, del hockey, gracias al esfuerzo que le puse a este deporte. Perfectamente se podría haber disputado en Buenos Aires, como estaba previsto en un principio, y por algo no se dio.

-¿Qué pensás en estos días, cuando te relajás justo antes de dormirte?
-No sé si llego a relajarme tanto, la verdad. No soy de las jugadoras que cierra los ojos y se duerme. ¡Imposible! Mi cabeza sigue maquinando cada pensamiento: que mañana nos preparamos contra tal, que llega el partido cual. Hay un montón de cosas que siguen dando vueltas por la mente: pienso en la agenda del equipo y en la personal.

-¿Pero cómo hacés para no saturarte mentalmente previo al debut, con tu típica autoexigencia y con las presiones que soportás?
-Por suerte hay una muy buena comunicación con el cuerpo técnico y lo vamos manejando. Cancelamos bastantes entrenamientos porque a veces es preferible no agobiarse con tantos ensayos. Ya cubrimos todo; más cosas no vamos a cubrir. No nos sirve la acumulación de charlas ni dobles entrenamientos, porque la jugadora necesita llegar lo más relajada posible al partido. Desde que empezó el año me imaginaba este momento y fui tratando de trabajar mis emociones personales. Ante todo, la idea es que el entorno no te perturbe.

-¿En qué te enfocaste en estos últimos días, además de los amistosos que jugaron?
-En los detalles. En elegir el Himno Nacional para los partidos, en la canción que va a escucharse cuando hagamos los goles y en el tema para las entradas en calor. Para los goles vamos a seguir con «Persiana Americana», de Gustavo Ceratti, como en el Champions Trophy de Nottingham.

-¿Quiénes lo deciden?
-Vota todo el plantel, excepto para el Himno.
-¿Te vas a aferrar a alguna cábala o a algún juramento? -Antes sí lo hacía, pero ahora ya no creo en eso; en ese sentido di un paso adelante. La verdad es que confío en mi juego, en mi personalidad dentro de la cancha y en mi temperamento. Me siento como cuando salimos campeonas en el Mundial de Perth 2002.

-¿Qué te lleva a pensar en el sueño del título, más allá de tu buena sensación individual?
-Confío mucho en el grupo humano, que está sobre el equipo. Jugaremos bien, mal o regular, pero podemos ser campeonas por la solidez y la confianza que nos tenemos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here