La exuberancia sonora de la música negra -que excede el mero gesto rítmico-, el pulso armónico del jazz y el diálogo entre lenguajes de género, confluyeron anoche en el teatro SHA invocados por Rey Tambor, la agrupación comandada por el uruguayo Hugo Fattoruso, que entregó un concierto pletórico de matices.

 

Con una visible marca de origen afrouruguaya, Rey Tambor se asomó anoche en Buenos Aires a nuevas fronteras musicales y conversó con elementos melódicos y progresiones armónicas ajenas -a primera vista-, pero siempre mediadas por una estética popular y rioplatense.

 

El resultado de ese diálogo musical fue demoledor y así lo entendió el público, que obligó a Fattoruso y su formación a una larga serie de bises antes de abandonar el escenario.

 

La noche, sin embargo, había comenzado con un clima diferente, lejano a la efervescencia.

 

En una apelación a su versatilidad como instrumentista, Fattoruso forjó en el inicio del concierto un tenue prólogo de solopiano con un tema de Ryuichi Sakamoto («Merry Chrismast Mr.

 

Lawrence») y «Tu alegre paso», de su propio repertorio.

 

Consumada la presentación, la noche cobró aires candomberos con la aparición en escena de una línea básica de cuerdas: Diego Paredes (tambor piano), Noé Núñez (tambor repique) y Fernando Núñez (tambor chico).

 

Con ese esquema, el repertorio de la noche, que abrevó en fuentes de género diversas, se envolvió de la estética rioplatense, ya sea con el discurso de bajos del tambor piano, con la rítmica clásica del tambor chico o mediante los barroquismos y la improvisación del tambor repique.

 

Así, el tango «Tristecitas montevideanas», de Jorge Bonaldi, se disfrazó de un paisaje rumbero; y sobresalieron, en textura candombera, «Miralá que linda viene», de Eliseo Grenet, y «Cuando yo no diga más mi nombre», de Rubén Rada.

 

La noche alcanzó acaso su mayor dimensión emocional y artística con una acertada mixtura de temas que entrecruzó la deliciosa milonga «Tonos negros» (Fattoruso) con «Nombre de bienes» (Eduardo Mateo), pieza de «Puro sentimiento», el último material editado por Rey Tambor.

 

En una demostración de su capacidad para convertir la interpretación en un acto de (re)creación, el colectivo musical avanzó luego con una versión de «Como se fosse a primavera» que, si bien tuvo un color propio, mostró un revestimiento más cercano a la versión brasileña de Chico Buarque que a la composición original del cubano Pablo Milanés.

 

Fattoruso se internó luego en una sección musical más intimista, cubierta por el timbre sonoro del acordeón y en la que se destacó la interpretación, con el apoyo del trío, de «Somalia» (Rubén Rada).

 

Rey Tambor intentó clausurar la noche con una celebrada versión en tiempo de candombe de «Viernes 3 AM», de Charly García, pero la respuesta del público exigió una continuidad, que Fattoruso y sus músicos no resistieron.

 

La agrupación uruguaya se presentará esta noche desde las 21 en el Resto Bar Río Arriba de Río Oro y mañana, a la misma hora, en el teatro Cultural Cañada, en ambos casos en la provincia de Córdoba.

 

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