Las inundaciones han sumido a Pakistán en una de las peores crisis humanitarias de los últimos tiempos, con más de 20 de millones de afectados, 1.600 muertos, cientos de miles de amenazados por epidemias y hambruna. Un 25% de su territorio está bajo el agua.

Sin embargo, la comunidad internacional parece estar tardando en reaccionar. Naciones Unidas sólo ha recaudado cerca de la mitad de los US$460 millones que solicitó para ayuda de emergencia.

El gobierno de Islamabad, que calcula en US$15.000 millones lo que necesita para reconstruir el país, se sienta este lunes a negociar con el Fondo Monetario Internacional (FMI) la refinanciación de su deuda.

Desastre «en cámara lenta»

«Este evento no fue un cataclismo, sino algo que creció durante tres semanas. El hecho de que el 25% del país está bajo el agua no se entiende. El relativamente bajo número de muertes enmascara el desastre», apunta Marie Lall, experta en Pakistán del Real Instituto de Asuntos Internacionales (Chatham House).

Por su parte Dean Karlan, profesor de economía de la Universidad Yale, estima que «acontecimientos repentinos parecen generar más ayuda». «Una inundación sucede gradualmente. No hay un día con grandes noticias, lo que retira la atención de los medios».

«También es importante señalar que la gente es más generosa con los desastres que ocurren en países geográficamente cercanos», apunta Elizabeth Ferris, del Instituto Brookings Ferris.

Según esta experta, los datos demuestran que «estadounidenses y canadienses responden más a tragedias en el hemisferio occidental y los europeos a los que suceden en África».

Rebecca Wynn, especialista en Pakistán de Oxfam, organización no gubernamental con sede en el Reino Unido, considera que el desastre llegó «en un mal momento».

«Muchos donantes han adoptado fuertes compromisos con Haití tras el terremoto, con lo que es complicado encontrar fondos para otra gran tragedia», afirma Wynn.

Sin embargo, la especialista en Pakistán Marie Lall dice que «el momento es un factor importante», pero la razón fundamental la ve en «la falta de percepción adecuada sobre la verdadera dimensión del problema».

Lall opina que una de las claves de la tardanza es «el cansancio de los donantes»: en 2004 el tsunami, en 2005 el terremoto en Pakistán, a principios de este año la gravísima crisis provocada por otro sismo en Haití.

«Hay que hacer notar que el sistema internacional de ayuda humanitaria no está preparado para lidiar con más de una crisis de grandes dimensiones al año», apunta Ferris.

Esta experta recuerda que, por ejemplo, la Agencia Estadounidense de Ayuda Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) gastó un tercio de su presupuesto de todo 2010 sólo con el terremoto del pasado 12 de enero en Haití.

El profesor Karlan opina que «la preocupación por la corrupción también puede servir para entender por qué las donaciones han sido tan bajas».

«Pero no explica por qué hay menos dinero destinado a Pakistán ahora que el recaudado para otros países en desarrollo con problemas similares en el gobierno», agrega.

Además, como apunta Ferris, eso no fue un problema para Haití, país que antes del terremoto «tampoco tenía muy buena reputación» en cuanto a su transparencia.

Para Lall, «no ayudaron» los comentarios que hizo el primer ministro británico, David Cameron, en India, donde comentó que Pakistán «exporta terror».

«La gente tiende a ayudar menos a los países a los que relaciona con el terrorismo», opina Ferris.

«Además, creo que el hecho de que Pakistán haya tenido en tantos medios de comunicación occidentales una cobertura negativa (…) es la razón principal de una menor asistencia».

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