Les encanta el reguetón y se saben cada una de las coreografías; pero recién cuando suena cuarteto se animan, con bastante timidez, a invitar a bailar a aquella chica que les gusta, que tampoco se anima a decirle que sí. Después de la insistencia de sus amigos y amigas, y tras varios empujones para acercarlos, se agarran de las manos y comienzan a bailar al ritmo del tunga-tunga.
Tienen entre 9 y 12 años, algunos incluso un poco menos, y les encanta el boliche. Les fascina bailar, escuchar música y estar con sus amigos en una disco con luces bajas, humo de colores, pantallas gigantes y todos los condimentos típicos de estos lugares.
Y mientras algunos hacen todo lo que cualquier joven haría en una discoteca, otros corren, juegan a la mancha y hacen carreritas para ver quién llega más rápido al baño.
Hasta hace pocos años, el primer contacto de los «chicos» con la movida nocturna eran las matinés, que de hecho siguen existiendo y están dirigidas a adolescentes de entre 14 y 18 años. Sin embargo, la tendencia indica que, cuando llega el fin de semana, los niños también tienen ganas de «salir» a divertirse.
«Está muy bueno, es re copado. Bailamos con las chicas y con todos», cuenta Lucas, de 12, quien conoció el lugar por una amiga de su barrio. «Es divertido, dan linda música. Yo vine la primera vez a un cumple y me gustó y le pedí a mi mamá que me trajera otras veces», agrega Carhen, de 11, mientras baila junto a sus amigas en City Teens, una matiné ubicada en pleno centro de la ciudad, más precisamente en el interior del Patio Olmos.
El lugar está ambientado para realizar todo tipo de eventos y los sábados entre las 19 y las 22 se convierte en matiné para menores de 13. En la disco no se vende alcohol y la entrada cuesta 15 y 20 pesos, para nenas y varones respectivamente.
Este «boliche» para bajitos tiene un sitio web propio y un perfil en Facebook que lo anuncia como un lugar fascinante con «sonido extreme, pantalla gigante y plasmas, animador y sorpresas». Y, como en toda discoteca, la música suena a todo volumen durante las tres horas que los chicos permanecen allí.
«Tiene un horario bueno para ellos, además están adentro y no andan por otro lado en donde correrían más riesgos. Me parece un lugar acorde a su edad», dice Gabriela Denardi, quien optó por festejar el cumple de 11 años de su hija en City Teens.
Sin embargo, no todos los papás están de acuerdo: «Mucho no me entusiasma que venga porque tiene 12 años, es muy chico. Yo tengo dos hijos más grandes, de 15 y 17, que todavía no salieron a bailar, pero él me pide esto y lo tengo que acompañar», señala Andrea Pucheta.
Carlos Durán, dueño del espacio, cuenta que los niños y adolescentes (a partir de las 22 el lugar se convierte en matiné para chicos de 13 a 18 años) conforman un nicho que comenzó a explotar hace muy poco tiempo, y que si bien no genera ingresos fuertes debido a que no se vende alcohol, la marca crece y se está instalando.
«Muchos papás no lo conocen y todavía no saben de qué se trata. Nosotros lo hacemos conocer a través del sitio de Internet y en las escuelas», agrega.
Basta de juegos
¿Es que estos niños saltean la infancia, o simplemente la viven de otra manera? «Cuando entran aquí se sienten fascinados. No se imaginaban que un lugar así de grande, ambientado con sillones y telas, con iluminación de colores y con espejos. sea todo para ellos, que pueden entrar y disfrutar como los chicos grandes. Algunos enseguida se ponen a bailar, pero otros, los más chiquitos, corren todo el tiempo», cuenta Durán.
En la disco se permite a los padres ingresar a conocer, incluso permanecer allí un rato, para que puedan «quedarse tranquilos», pero sin que los chicos los vean. «Les respetamos su privacidad», aclara el propietario de City Teens.
Para algunos esta tendencia sorprende; para otros preocupa. Pero al parecer, no queda otra que acostumbrarse a los cambios de generaciones.

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