Daniel Lorenzo-Carlos Díaz.Enviados especiales.La selección de Diego Maradona volvió a sentir hoy el alimento de decenas de miles de hinchas argentinos que con sus canciones y gritos apabullaron a Grecia e hicieron vibrar el estadio Peter Mokaba de Polokwane, convertido en una sede celeste y blanca.

La victoria por 2 a 0 fue la merecida recompensa a tanto esfuerzo dentro y fuera de la cancha. Cuando el gol no entraba y el partido aún estaba cerrado no faltó el jugador “12” que apretó e impulsó al equipo hacia la gloria. Demichelis rompió el hielo y Parlermo completó el trabajo con un gol que coronó la fiesta.

Una vez más, el entrenador del seleccionado e ídolo planetario, Diego Maradona, fue el encargado de preparar el clima en la previa del partido cuando saltó al terreno de juego y desde el césped saludó, con el puño en el pecho, a los seguidores de Argentina que aguantaban de pie en la fría noche de Polokwane.

“¡Volveremos, volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser campeones, como en el 86!”, cantaba eufórica la tribuna, mientras Diego los señalaba.

El protagonismo del técnico es máximo en cada partido, tanto por su personalidad como por su historia, que le hacen merecedor de todo tipo de demostraciones de cariño. “Dios existe y está en el banco”, señalaba hoy una bandera colgada en las gradas del estadio sudafricano. “Vine a buscar lo que es mío”, decía otra, con un dibujo de Maradona besando la Copa del Mundial 86’.

A los ya tradicionales mensajes de apoyo al astro argentino que desde el banco hoy conduce a la selección en cada partido se suman nuevos, como uno que afirmaba: “Diego copate otra vez”.

La mística que existe entre la hinchada y el entrenador ni siquiera es comparable aún con las demostraciones de afecto y el reconocimiento que recibe la máxima figura del equipo, Leo Messi, quien en los últimos partidos ha sido ovacionado.

Esta noche, cuando su nombre sonó a través de la voz del parlante en el estadio de Polokwane el público se levantó de pie entre gritos y aplausos. Leo, al igual que Diego, cuenta con una gran hinchada mundial.

Es por eso que también suelen verse banderas con los nombres de ambos escritas en inglés o en otros idiomas, que les recuerdan el amor de la gente de todas partes de la Tierra.

“Somos de la India y estamos por Diego”, se podía leer esta noche en un cartel. Como en los anteriores partidos, fueron muchos los hinchas locales y de otros países que se sumaron, con camiseta y bandera incluidas, a la fiesta criolla.

“¡Y ya lo ve, y ya lo ve, el que no salta, es un inglés!, coreaban juntos argentinos, sudafricanos, indios, venezolanos y así sin parar.
A pesar de que para muchos hinchas el viaje había sido largo, las fuerzas parecían intactas: «¡Olé, olé, olé, olé, olé, ola, ooo, Argentina, es un sentimiento, no puedo parar…!”, repetían entre bombos, platillos y vuvuzelas.

La mayoría de seguidores de la selección arribaron al estadio Peter Mokaba desde Johannesburgo en las combis que suelen circular por toda Sudáfrica, pagando unos 250 rands y, aunque el precio oficial de la FIFA era 140 rands, nadie se quejaba después de unas 4 horas de viaje.

De fondo ya sonaba la música del himno nacional, y la tribuna coreaba “ooo, ooo, ooo”, marcando el inicio del combate. Los once jugadores de Argentina no se quedaron solos en el terreno de juego. El equipo cumplió, incluso con el pronóstico ganar como había dicho Diego.

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