En este campeonato que le toca, no hay rivales capaces de molestar a Boca . Aquellos que lo enfrentan con chances de discutirle arriba concluyen diluidos a la mínima expresión . Les ocurrió en el sur a Lanús y en Santa Fe a Colón. Les sucedió en la Bombonera a Belgrano, a Rafaela y ahora a Racing. No es casual que el Apertura se haya vaciado de incertidumbre en la lucha por el título. Al campeón sólo falta oficializarlo…

Con Riquelme en el arranque del torneo, Boca se armó , creció en confianza y empezó a marchar.

Sin ese brillante pensador que es Román desde hace cuatro fechas, esa maquinita sólida no dejó de funcionar , aprobó exámenes de fondo y fue superior a todos, a veces con más luces como en Santa Fe, a veces con menos ideas como ayer. Hay particularidades, claro, que atenúan o agravan las oscuridades adversarias.

Se entiende que equipos modestos y recién ascendidos, como Rafaela y Belgrano, no reaccionen.

No se acepta la versión ofrecida por este Racing de Simeone, un grande con buenos apellidos para este fútbol argentino demacrado que sale a jugar como si fuese pequeño , como si prefiriera no perder para sostener un invicto lleno de empates antes que arriesgar en la búsqueda de una victoria que le permita soñar de acuerdo a su historia.

Boca no tiene la culpa de los rivales que le pone el Apertura. Hace lo que le corresponde. Si no le ganó a Racing fue por Saja : en el primer tiempo, en una misma jugada, le sacó un cabezazo a Schiavi y tapó un centro abajo de Rivero; y en el segundo, reaccionó ante otra resolución de cabeza a un par de metros de su arco, esta vez de Blandi. Y voló ante remates de Insaurralde, Chávez y Mouche.

A Boca le faltó continuidad e inteligencia para cerrar varias jugadas, en especial cuando el desarrollo lo ubicó en superioridad numérica, casi media hora 11 contra 10 y casi un cuarto 11 contra 9. Al cabo, una constante de este juego en la actualidad, cada vez con menos reflexión , cada vez más físico y vertiginoso, cada vez más triste.

Racing quedó desubicado en esta especie de final por esa propuesta a mitad de camino, sin ambiciones y sin riesgos hasta los 20 minutos finales, cuando el partido se rompió. De entrada, salió más a ver qué hacía Boca antes que a proponer. Gio Moreno jugó frenado, desbordado por la presión de Boca, exhibiéndose en precariedad física. Los que tenían que equilibrar no lo lograron, tanto que Pelletieri dejó al equipo con uno menos en el nacimiento de la etapa final por una falta lejos de Saja . Y Teo Gutiérrez creyó más en las provocaciones que en su talento, tanto que se hizo expulsar por pedir un penal que no pareció al caer en un mano a mano ante Orion y Roncaglia, justo cuando Racing más lo necesitaba porque Boca abría espacios atrás.

Boca no supo ganarlo ni con tres puntas en los seis minutos finales. Lo de Racing es más grave : nunca creyó que podía ganarlo. Ni el puntero ni el segundo pudieron. Los invictos mostraron lo que cuesta en este fútbol jugar y pensar.

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