kisner cobos2El vicepresidente se ha transformado en el peor error cometido por Néstor Kirchner. Cada vez que lo ataca lo ayuda a crecer en lugar de neutralizarlo como hizo con Carlos Reutemann y Hermes Binner.

Desde que se alejó del oficialismo, Felipe Solá ha demostrado ser uno de los más lúcidos observadores de la política nativa. Y el lunes pasado se despachó con una opinión lapidaria sobre las equivocaciones que comete el ex presidente.

«Creo que ya no caben dudas de que el jefe de publicidad de la campaña de (Julio) Cobos es Néstor Kirchner», sostuvo durante un foro espontáneo de peronistas «anti K» que ven con espanto cómo quedan fuera de carrera para el 2011 a medida que aumenta el protagonismo del radical mendocino.

A esta altura no hay encuesta que no lo muestre a la cabeza de la reacción social contra el gobierno y lejos -muy lejos- de cualquier otra alternativa opositora. Además, aprendió su rol a la perfección y aprovecha para recitarlo la primera oportunidad que se le presenta algo que, dicho sea de paso, los Kirchner le proveen generosamente vista su inagotable capacidad para generar todos los días conflictos por cualquier motivo.

Con el paso de la ley de medios al Senado devino defensor de la libertad de expresión y cruzado de la concordia nacional, de la flexibilidad y la tolerancia, mientras el kirchnerismo atropella y pasa por encima de todo lo que se le opone en su ciega embestida contra el grupo Clarín. Y si esta torpeza no fuera suficiente, usa sus voceros más desacreditados -Aníbal Fernández, Miguel Pichetto- para pedirle la renuncia, reclamo que en realidad suena a amenaza apenas velada de juicio político.

Puede decirse que Kirchner consiguió una especie de «milagro» sin precedentes: transformar a una figura sin peso institucional como la del vicepresidente, en el principal líder de la oposición. Permitió que pasara de la gris tarea de «tocar la campanilla» en el Senado a ser el dirigente más expectable y con la agenda más importante del país.

¿Cuál es la clave de semejante error? Una doble incapacidad de los Kirchner. La primera consiste en su impotencia para imaginar estrategias de mediano plazo. Todo lo que se les ocurre es para ser aplicado en ese momento o a más tardar, al día siguiente. Hacen política con los diarios del día.

Cobos, en cambio, construye con la vista puesta en 2011. No dispondrá del Tesoro Nacional como sus adversarios, pero tampoco tiene urgencia y se puede dar el lujo de hacer convocatorias plagadas de buenas intenciones y lugares comunes. En pocas palabras, no sufre ningún desgaste y todo lo que hace le suma.

La segunda incapacidad del ex presidente está vinculada con sus genes peronistas. Dedica el 99% de sus energías a la lucha por el poder con buenos resultados inmediatos, pero con una pésima repercusión social.

En el Congreso está más fuerte que antes de la derrota electoral y ya «metió en la bolsa» al socialista Hermes Binner y al «contestatario» Pino Solanas con la misma facilidad con que lo había hecho con Roxana Latorre o María del Carmen Alarcón, pero su imagen pública cae en picada.

El 2011, sin embargo, está a la vuelta de la esquina y las heridas que le cause su batalla por el control de la agenda mediática la terminarán siendo aprovechadas por alguien que no arriesga nada en ese enfrentamiento. Néstor está convencido por su larga experiencia como gobernante que la política es una eterna pelea, pero por primera vez desde 2003, esa pelea al que más beneficia es a un tercero alejado del campo de batalla y a resguardo del desgaste del inevitable producido por el ejercicio del poder.

En ese sentido debería reflexionar sobre un ataque que suele repetir su vocero en el Senado, Miguel Pichetto. El líder del bloque oficialista que en alguna oportunidad comparó tácitamente a Cobos con Judas insiste con que el vicepresidente no puede ser al mismo tiempo oficialista y opositor y le pide que elija uno de los dos roles. Pero Kirchner es un especialista -como muchos de sus «compañeros»- en la estrategia de ocupar tanto el espacio del oficialismo como el de la oposición. De esto es un claro ejemplo su alianza con los piqueteros y su dominio casi absoluto de la «calle», espacio por antonomasia de los opositores.

Ocupa el «palacio» ejerciendo sin debilidades el poder y lo manda a D»Elía que impida que los descontentos ocupen la Plaza de Mayo. Algo debe funcionar mal, debería reflexionar el kirchnerismo, cuando el vicepresidente les está dando lecciones de cómo jugar el juego que más les gusta y mejor les sale.

Nota:Sergio Crivelli

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here