Una serie de exposiciones convergen bajo la consigna propuesta para el mes de abril por el Espacio Contemporáneo de Arte de Mendoza. El arte popular, el diálogo con el otro y las diversas espiritualidades atraviesan la propuesta. La inauguración será este martes 19 a las 20 horas.

“El trabajo estético se realiza en lugares distintos: el splendor formae ocurre por cierto, en los escenarios del arte, pero también se manifiesta en los ámbitos del mito y el ritual”.  Tomando como premisa esta cita de Ticio Escobar, el ECA asume un nuevo desafío para el mes de abril: ampliar los horizontes de nuestras percepciones. Por eso los proyectos presentados bajo la consigna “Identidades y espiritualidades. El fulgor de la forma” han desembocado en un paraje provisto de múltiples dimensiones, interconectadas todas ellas y que consideran lo artístico a través de su búsqueda por afirmar la retórica de los mitos, de enfatizar las escenas rituales, de abrirse al lenguaje de la diversidad de las identidades en sus indagaciones espirituales.

En la muestra, los oficios del arte serán tratados como un sesgo que cruza los otros haceres, encendiéndolos brevemente a su paso, como si integraran en sí mismos una acción explicable.  Quienes recorran la exposición se enfrentarán, por un lado, al trabajo de los artistas en sus exploraciones y, por otro, a las formas de lo sagrado en la compleja riqueza de las diversas tradiciones de este ancho mundo.

La singularidad de esta muestra consiste en poner en diálogo las espiritualidades de diversas comunidades que conviven en nuestro medio a través de un elemento fundamental como son los altares, sitio privilegiado de condensación de los rituales. Ya sea en los templos o en los hogares, el altar es el lugar de las ofrendas, de los oficios, de las ceremonias. Desde el punto de vista del arte contemporáneo sus formas se corresponden con las de las instalaciones que, como construcciones simbólicas, manifiestan cosmovisiones a través de los objetos litúrgicos en el contexto de cada devoción.

La propuesta es situarse en un plano de igualdad, buscar el lenguaje adecuado, esforzarse por comprender el lenguaje del otro, esforzarse por comprender las intuiciones centrales que están detrás de las palabras, los objetos y los rituales. La convicción de que los otros poseen un mundo espiritual que puede enriquecernos implica el respeto a la alteridad, a la identidad y a la perspectiva del otro.

Así desde la pintura Omar Jury plasma sus inquietudes y búsquedas con la muestra “La exteriorización de un miedo o deseo interno como espiritualidad” y se une a Alejandrina Groissman, quien en el formato de video instalación hace “Zoom” para indagar en las formas ocultas y el extrañamiento a través de las formas de los objetos  cotidianos.

“Un  corazón para habitar”,  la propuesta de instalación y performance de Claudia Alessandrello  plantea la indagación de la memoria en el contexto de las relaciones  familiares, el vínculo amoroso de nieta y abuela y convierte en altar familiar los objetos de la infancia resignificados.

Por su parte, “México en mis ojos: presencia, viento, palabra” es una propuesta performática  de los artistas mejicanos  Kena Acosta, Juan Cornell de Rosas, Munay Ketzalli Cornell y Arun Ruz, que presenta un diálogo contemporáneo con imágenes simbólicas del pasado prehispánico y el presente sincrético del imaginario colectivo de su país, dando cuenta de una espiritualidad basada en un fuerte vínculo con elementos ancestrales, arquetípicos, míticos que se actualizan, renuevan y resignifican a través del quehacer cotidiano y las síncresis rituales.

Las muestras “La tierra nos mece” de María Clara Ponce y “El círculo eterno” de Dina Garro recrean mandalas, diagramas místicos que implican un lenguaje que habla de las formas del espacio sacro del círculo. Este símbolo universal presente desde las culturas más antiguas, que evoca el eterno retorno de los ciclos de la naturaleza, enmarca la acción, busca la concentración de energía.

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