La presidenta Cristina Fernández de Kirchner afirmó hoy en Caracas al hablar en la Asamblea Nacional Bolivariana que «mi discurso en este Bicentenario es un inmerecido honor» y reivindicó «las gestas libertarias de América del Sur». “La idea de libertad e igualdad no tiene nacionalidad, son valores universales que han atravesado la historia, no desde 1810, sino desde mucho antes, porque son valores que hacen a la condición humana”, sostuvo.

Cristina dijo en la Asamblea Nacional, en Caracas, adonde asiste a las celebraciones por el Bicentenario de Venezuela, que «esos valores hacen a la condición humana», es decir a «la libertad para decidir sobre la propia vida, para tener una vida igual o mejor de la que tengo, y una libertad para sostener la igualdad», completó.

Según Cristina «las ideas son instrumentos que sirvan para la liberación de los pueblos y para la construcción de sociedades más justas y equitativas» y refirió que «las ideas que se pueden exhibir en resultados se transforman en política y adquieren verdadera dimensión, la de las batallas culturales, la de transformar la historia».

La Presidenta comparó el segundo centenario de la región con el primero, «que nos encontró con la consolidación de repúblicas en un modelo de división del trabajo, donde proveíamos materias primas que eran industrializadas muy lejos de estas tierras».

Y señaló que «los hombres de 1810 pensaban exactamente lo contrario, porque si uno analiza el pensamiento económico de Manuel Belgrano, de Mariano Moreno, hablaban de generar riqueza en nuestros propios países».

«En el primer centenario la idea de esos fundadores y libertadores había quedado muy alejada de las prácticas políticas concretas de nuestras sociedades y de quienes tenían la responsabilidad institucional de conducir los países», resumió la Presidenta.

En cambio «este segundo centenario nos encuentra en un mundo diferente» y remarcó que «el siglo pasado lo dividió la contradicción este-oeste, que impuso en nuestra región la feroz doctrina de la seguridad nacional y que significó la desaparición de generaciones enteras y el atraso económico más formidable de que se tenga memoria».

Para Cristina «es necesario, ante un mundo que se ha vuelto a derrumbar en valores como los de libre comercio, que el estado debiera desaparecer y que el mercado todo lo resolviera, que quienes tenemos en América del Sur la responsabilidad histórica de dirigir por voluntad democrática los estados que nos tocan gobernar, a formular categorías de pensamiento que nos sean propias».

En ese sentido bregó por tener «ideas elaboradas por nosotros mismos en materia económica, política, interpretar la historia y algo que propiciaron aquellos hombres de 1810, que fue lograr la unidad latinoamericana como un objetivo fundante para la liberación de nuestros pueblos».

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