Ayman al-Zawahiri, fue durante mucho tiempo el portavoz más prominente de al-Qaeda y mano derecha de Osama bin Laden. Muerto el líder, ahora ha sido nombrado el nuevo «emir» de la organización.

Médico egipcio de 59 años, las fuerzas de seguridad solían referirse a él como el lugarteniente de Bin Laden y el cabecilla ideológico de la organización. Tras caer su jefe, se convirtió en el «terrorista más buscado» por EE.UU., donde se le considera el cerebro detrás de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Pero además venía siendo una suerte de vocero y, tras Bin Laden, el rostro más reconocible de al-Qaeda. Ha aparecido en unos 40 videos y grabaciones de audio desde 2003, el más reciente en abril de 2011.

El corresponsal para asuntos diplomáticos de la BBC, Jonathan Marcus, señala que se trata de alguien conocido por su capacidad organizativa más que por su carisma. «En ese sentido, en al-Qaeda las cosas seguirán más o menos igual».

Sin embargo, según le dijo a la BBC Abdel Bari Atwan, autor de Una historia secreta de al-Qaeda, Al Zawahiri «tiene una actitud mucho más hostil con Occidente».

Además, lo considera el «responsable de impulsar que al-Qaeda se convirtiera en una red global. «Él convenció a Bin Laden de ir más allá de la estrategia inicial de expulsar a EE.UU. de Arabia Saudita y de enfrentarse a Israel y Occidente», dijo Abdel Bari Atwan.

Nacido en El Cairo el 19 de junio de 1951, Al Zawahiri formó parte de una respetable familia de clase media, con tradición en el campo de la medicina y la universidad.

Su abuelo, Rabia al Zawahiri, fue el gran imán de al-Azhar, el centro académico más importante del mundo sunita. Uno de sus tíos fue el primer secretario general de la Liga Árabe.

Con su madre compartía temperamento y su amor por la literatura, según escribió en The New Yorker Lawrence Wright, autor del libro ganador del Pulitzer «La torre elevada» (sobre los ataques del 11 de septiembre).

Pero pronto se envolvió en el islamismo. A los 15 años fue detenido por formar parte de la Hermandad Musulmana de Egipto.

Participó en la fundación de la Yihad Islámica en 1973 y en 1981 se vio envuelto en el juicio por el asesinato del presidente Anwar Sadat, que indignó a los islamistas por firmar la paz con Israel.

Fue acusado de portar ilegalmente armas y pasó tres años en la cárcel. Según sus compañeros las torturas que sufrió lo convirtieron en violento y fanático.

Condenado a muerte en ausencia por una corte militar egipcia por su responsabilidad en numerosos atentados, el Departamento de Estado está dispuesto a pagar hasta US$25 millones por información que conduzca directamente a su detención.

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