A Vélez se le complicaba ante los venezolanos, pero apareció Zapata y puso el 1-0. Luego, suelto y en ventaja, ya no hubo paridad. La goleada, con López picante, fue completa: el primer lugar del grupo quedó en casa.

Vélez siempre supo que, más allá de demoras e imperfecciones, el triunfo habría de quedarse en casa. Por necesidad y diferencia de trayectoria y jerarquía, sospechó con fundamento que no habría catenaccio que Deportivo Italia pudiese oponer. Lo que no intuyó fue que, ante un rival venezolano que se va de esta Libertadores sin triunfos, los defectos aparecidos en sus últimas presentaciones se repetirían durante casi todo el primer tiempo.

Antes que colectivos, los problemas del primer equipo argentino clasificado a los octavos de final parecen individuales. Este Maxi Moralez, con dificultad para desnivelar en el pie a pie y sin exactitud de conductor, supone una versión inferior a la que le aportó al campeón del Clausura 09. No es el único exponente: Papa, en aquellos 45 minutos de arranque, prefirió transportar antes que mostrarse libre para la descarga, un síntoma que se repitió por la derecha con Díaz. Pero Vélez tiene anticuerpos, porque en la riqueza de su nómina encontró soluciones. A Zapata la madurez le ha caído como bendición. El Chapa, como ya le ha ocurrido, se puede ir de boca o raspar en exceso bajo riesgo de expulsión. Pero puesto a jugar entiende este asunto como pocos. Cuando los venezolanos amenazaban con sus libertades (sin carga por un resultados, se movieron con soltura y complicaron con Cristian Cásseres, duelo de la jugada más profunda antes del 1-0), Zapata barrió como defensor, pero en el área ajena, para restablecer el orden natural en un encuentro entre un campeón argentino y u aspirante de Venezuela. El volante ya había marcado el rumbo con su distribución del espacio y la velocidad: fue el más apto para ubicar las zonas libres y provocar el cambio de ritmo en la transición desde el medio. Si ese gol desbarató a Deportivo Italia, el segundo, inmediato en la reanudación, autorizó pronósticos de mayor diferencia y recuperación en el funcionamiento para Vélez. De eso pueden dar testimonio Martínez y López. Es raro que el Burrito no ofrezca una solución dada su habilidad para desnivelar sobre cualquier perfil. Y también resulta extraño que al uruguayo, esa platea severa del Amalfitani aún le guarde un murmullo de desconfianza. Puede tropezar, puede tardar en una descarga, pero López garantiza buena recepción, destreza para pivotear y conocimiento de las razones que rigen en el área.

Así se recupera Vélez, dueño de su grupo, con tipos confiables.

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