La importancia del juego en los niños

juegoniniosLa carrera tecnológica, la pobreza, la desmedida actividad son enemigos de los niños y su saludable tiempo al juego.

 

 

El juego es lo que diferencia a un niño de un adulto. Así de simple y así de contundente. El derecho a las actividades lúdicas es inalienable de su condición de niño y está consagrado como tal por la Convención Internacional de los Derechos dela Niñez y adoptada por la Asamblea Mundial de las Naciones Unidas en 1989, ratificada por más de 190 países.

 

Todo cuanto un niño hace, lo hace desde su posibilidad de convertirlo en juego. Vive jugando, juega a vivir. Un niño que no juega no tiene una infancia plena, pues es la actividad propia de esta etapa de la vida en la cual interactúa con su entorno y aprende que la realidad también puede ser modificada… como los juegos.

 

Pero éste, como tantos otros derechos entre los que se cuentan la educación, la identidad, una familia, alimento, son vulnerados sistemáticamente por una sociedad que demanda personas productivas y «rentables» para el sistema, olvidando que tanto mejor será el individuo cuanto más feliz haya sido su niñez.

 

El juego es una actividad mediante la cual el niño practica sus futuros roles en la sociedad, cuestiona viejos modelos, se atreve a idear un futuro y aprende a identificar su propio destino. Un informe reciente realizado por la Academia Norteamericana de Pediatría a través de múltiples estudios descubrió que la falta de tiempo libre para jugar puede afectar el desarrollo intelectual, social, creativo y físico de un niño.

 

En el mismo informe el Dr. Kenneth Ginsburg asegura que la falta de educación representa un problema para los sectores sociales más castigados pues esos niños no podrán ascender en la escala social. Pero al mismo tiempo advierte que la sobreeducación, también es un riesgo para la salud emocional de los más pequeños pues una agenda cargada de actividades escolares y extra-escolares quita tiempo lúdico de vital importancia para la maduración del niño.

 

Las conclusiones del Seminario Internacional de la OMEP, realizado en la ciudad de México en 1996, las conclusiones fueron bien claras: “Si jugar es típico del niño, si la infancia es una edad de juego, si la actividad más extensa, más intensa, más característica de la infancia es la ludicidad, no se puede concebir la infancia sin juego. Impedirle jugar es robarle la infancia al niño, anticipar la vida adulta.”

 

Existen pruebas que los niños han jugado desde siempre. En las más antiguas civilizaciones se encontraron juguetes de variadas técnicas de fabricación que atestiguan que el desarrollo de actividades lúdicas ha sido practicado desde tiempos inmemoriales.

 

Y aunque algunos especialistas sostengan que no es conveniente proyectar estereotipos en los niños, las muñecas continúan siendo la aproximación más temprana de las niñas a la maternidad; y los juegos de construcción, continúan despertando la curiosidad motriz de los varones. Es luego responsabilidad de los padres que esos roles sean flexibles en el modelo de familia que desean transmitir a sus hijos.

Muchos países han dado muestras muy importantes de su compromiso con la niñez incluyendo algunos de los derechos más universales en su legislación. Y no son pocas las instituciones que velan por el cumplimiento de estas normativas. Por ejemplo IPA, Asociación Internacional por el Derecho del Niño a Jugar, es una organización internacional no gubernamental, fundada en Dinamarca en 1961 y es reconocida por el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas ECOSOC con status consultivo con UNESCO y UNICEF.

Esta organización fue la encargada de redactar la Declaración por los Derechos del Niño a Jugar en la que establece: “Se reconoce el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes. Se respetarán y promoverán su participación plena en la vida cultural y artística y propiciarán oportunidades apropiadas, en condiciones de igualdad…”

El trabajo precoz, la mendicidad, la pobreza, las exigencias educativas, la tecnología, entre otros factores, atentan contra el maravilloso e irrepetible tiempo de los juegos de infancia.

 

¿O tú no regresarías un minuto a tu infancia para volver a montar bicicletas al aire libre en una tarde de sol?