La realización de dos eventos simultáneos con más de 12 mil kilómetros de distancia, para rendir homenaje a Jorge Luís Borges, es un sueño hecho realidad por aquellos que supieron darle al genial escritor, el reconocimiento que no recibió en vida. (Nota con Galeria de Fotos)

Por un lado, en la Estancia «Los Álamos» al cumplirse 25 años de la muerte del genial escritor argentino, se realizó un homenaje en el predio que alberga el laberinto en su honor y por otro lado, en la ciudad de Venecia, se inauguró en forma simultánea, un laberinto que es idéntico en diseño al que fue plantado en el año 2003 en San Rafael por Camilo Aldao.

En San Rafael, fueron numerosos los escritores que se acercaron para recordar la emotiva fecha que junto a personas relacionadas a la cultura e integrantes de la Familia Bombal, se permitieron recordar al escritor y a aquellos que lucharon para ver coronado el sueño que perseguían el arquitecto y amigo Randoll Coate y María Kodama, esposa de Borges.

También estuvo presente, uno de los niños ciegos que ayudaron a plantar el laberinto.

«Para mí, esto es un sentimiento muy grande porque este laberinto se terminó deplantar el 28 de octubre de 2003 y Camilo, mi hijo murió el 8 de enero de 2004, él había trabajado mucho en este proyecto y sus cenizas se encuentran enterradas aquí. Esta idea de interactuar con Venecia surgió de ellos (María Kodama y Pedro Memelsdorff), quienes nos pidieron iluminar el laberinto a las diez de la noche a lo que yo respondí: -Vamos a iluminar, pero con el sol», comenzó diciendo Camilo Aldao (padre), refiriéndose a lo que representa para la familia, el acontecimiento.

«Creo que para Mendoza y San Rafael, es muy importante el que exista un laberinto hermano de este (el de Venecia es de la mitad de tamaño que el de San Rafael que tiene una dimensión de 70 metros de ancho por 100 de largo) y que se inaugure en medio de la Bienal de Venecia que es el evento cultural más importante del mundo desde hace 400 años, la verdad que a mí me supera», agregó emocionado Aldao.

Por su parte, Ignacio Aldao agregó: «Este espacio creemos que nos trasciende y consideramos que toda persona tiene que visitarlo, todavía no hemos hecho una apertura formal porque la altura del cerco, aún es considerada baja y hay que hacer obras como sanitarios y otras instalaciones que son necesarias para brindarle mayor comodidad a la gente, que hoy puede venir, porque jamás le hemos negado el ingreso».

Consultado sobre los cuidados que deben tenerse para con las plantas, Ignacio expresó: «Es bastante difícil el mantenimiento, la poda es fundamental y sobre todo por los requerimientos de esta planta (Buxus sempervirens) que debe crecer muy densa y en algunas partes debe alcanzar 1,8 mts de altura, es decir que debe crecer el doble de lo que ha crecido hasta ahora, pero calculamos que esta etapa será un poco más rápido, porque la planta ya está adaptada a la zona. También debe cuidarse el riego, la fertilización, los tratamientos fitosanitarios y en un principio lo que más costó fue mantenerlo desmalezado para que solo creciesen los bojes».

El acto contó con un recitado de obras de Borges a cargo de la profesora Liliana Montenegro y la actuación del Coro del Instituto Profesorado de Arte (IPA).

Uno de los momentos más emotivos fue cuando se estableció comunicación con la ciudad de Venecia, donde en representación de la familia Aldao, viajaron Carolina y Sofía Aldao para ser testigos de la inauguración del laberinto borgiano de dos mundos y control los detalles de la inauguración del laberinto hermano.

«Estamos muy emocionados, recordándolos mucho y como siempre decimos, haciendo mucho esfuerzo porque este sueño se lleve a cabo», expresó Sofía Aldao en comunicación telefónica.

En Venecia, la maravillosa obra fue puesta en marcha por Pedro Memelsdorff, un intelectual argentino que dirige el departamento de música de la Fundación Cini, con el apoyo y la colaboración permanente de María Kodama y de la Fundación Jorge Luis Borges. Pasquale Gagliardi, director de este histórico faro cultural, aprobó el proyecto y gestionó los medios financieros para llegar a la celebración con el laberinto terminado, de acuerdo con el diseño original de Coate.

No es para menos. La fundación está ubicada en un lugar mágico, en la isla de San Giorgio Maggiore, exactamente frente a la plaza San Marcos y tiene su propia estación de vaporetto. Fue allí donde estuvo por última vez Borges, en 1984, invitado para reflexionar sobre la todavía entonces lejana Unión Europea.

La Fundación Cini ocupa un emblemático e histórico edificio de tejas, con campanile y claustros trazados por Andrea Palladio, el gran arquitecto del Véneto. En el último claustro, donde los monjes benedictinos tenían un huerto medicinal, fue plantado el laberinto de Coate, creado a partir del cuento «El jardín de los senderos que se bifurcan».

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Un sueño y un homenaje

La figura clave en esta historia es Susana Bombal, escritora y amiga de Randoll Coate. Siendo muy joven, antes de convertirse en el mayor especialista en laberintos simbólicos del mundo, Coate tuvo como destino diplomático Buenos Aires, donde conoció a Bombal. Muchos años después, ella y Coate soñaron al mismo tiempo que el mejor monumento para homenajear a Borges sería un laberinto, palabra que tiene especial significado a lo largo de su obra.

El laberinto es, en la visión borgiana, una representación de la naturaleza humana, una proyección del miedo del hombre a perderse, pero, al mismo tiempo, una imagen de esperanza, porque cada laberinto tiene un plano y una lógica: perderse para encontrar finalmente una salida.

Originalmente, el proyecto de Coate sería emplazado en el jardín contiguo a la Biblioteca Nacional, pero las trabas burocráticas pudieron más que el entusiasmo de María Kodama, quien por invitación de Camilo Aldao viajó Los Álamos, casa solariega de Susana Bombal en San Rafael, Mendoza, y aprobó la idea de plantar allí mismo el laberinto de Borges.

En un fin de semana glorioso, Camilo Aldao, Gabriel Mortarotti y Mauricio Runno iniciaron la plantación de 12.000 bojes (Buxus sempervirens) llegados de Capilla del Señor para dar forma a la palabra Borges, al libro abierto y a símbolos borgianos como el bastón y el tigre.

El laberinto de la Fundación Cini ocupa un área de 2300 metros cuadrados y está formado por 3250 plantas. El recorrido estará delimitado por unas placas donde será transcripto en braille el texto de «El jardín de los senderos que se bifurcan».

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