La jefa de la diplomacia estadounidense reitera el compromiso militar de EE UU con la misión en Libia.- Francia ve con buenos ojos proveer de armas a los rebeldes, pero no quiere ser la responsable de ello

La jefa de la diplomacia estadounidense, Hillary Clinton, ha aprovechado el inicio de la reunión de la OTAN en Berlin para reclamar unidad y firmeza ante el desafío que representa la continuidad en el poder del dictador libio Muamar el Gadafi. En un intento de sellar las divisiones entre los aliados tras las quejas de Francia y Reino Unido por la falta de contundencia en el frente militar, Clinton ha asegurado a sus colegas de la Alianza Atlántica que «nuestra misión debe de continuar, manteniendo nuestra resolución y unidad» . «Gadafi está poniendo a prueba nuestra determinación», ha advertido Clinton.

La responsable estadounidense ha asegurado, no obstante, que la coalición «ha incrementado la presión y ha intensificado el aislamiento del régimen de Gadafi». Por ello, ha pedido que el trabajo continúe en este sentido y que se estreche el cerco sobre el círculo de confianza del dictador «con la congelación de bienes, la prohibición de viajes y otras sanciones». «Tenemos que trabajar con los vecinos de Libia para garantizar el embargo de armas», ha añadido.

Clinton también ha reiterado el compromiso estadounidense con la misión en Libia, pese a haber traspasado el mando de las operaciones militares a la OTAN. «Estados Unidos está comprometido con en participar en esta misión compartida. Apoyamos firmemente la coalición hasta que nuestro trabajo se realice». ha dicho. Por último, Clinton ha expresado su preocupación por «las atrocidades» cometidas en Misrata asegurando que «habrá una respuesta». «Gadafi debe retirarse. Solo entonces será viable una transición».

Francia y Reino Unido, dos de los aliados originales de la coalición contra el régimen de Gadafi, siguen en sintonía y mantienen su postura sobre lo que debe hacerse para frenar al dictador libio: aumentar la presión militar. A esa conclusión llegaron ayer en París el primer ministro británico, David Cameron, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy. Los dos líderes europeos coincidieron en seguir presionando al dictador, «que continúa determinado a mantener su esfuerzo de guerra contra su propia población». «Hay que poner todos los medios a disposición» de este objetivo, ha subrayado la jefatura de Gobierno francesa. «Es importante que la coalición muestre su total determinación de proteger a la población civil; acabar con los sitios, propios de la Edad Media, de Misrata y Zintan, y devolver a las tropas de Gadafi a sus cuarteles».

El anuncio llega un día después de que París y Londres lanzaran un mensaje similar en el encuentro de la OTAN en Doha (Qatar). Allí el Grupo de Contacto sobre Libia acordó discutir con los rebeldes la creación de un mecanismo financiero para ayudarles, sin mencionar en las conclusiones finales la posible entrega de armas.

Francia, ambigua sobre las armas

Lo que también ha revelado una fuente del Elíseo que participó en la reunión es que Francia no incluye entre sus planes comenzar a entregar armas a los rebeldes, aunque no se opone a que otros países lo hagan.

La fuente ha aclarado que Francia considera que la resolución 1973 aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU no prohíbe armar a los insurgentes, pero que desde París de momento no se ven suficientes motivos para dar este paso.

«No vamos a hacerlo. Y tampoco los británicos, por lo que sé», ha explicado la fuente, quien considera que de momento «no parece necesario». «El Consejo Nacional de Transición no está teniendo problemas para encontrar las armas que necesitan y varios amigos les han enseñado cómo utilizarlas», ha añadido.

Financiación internacional

El armamento se ha convertido en un asunto espinoso en la crisis libia. La posibilidad de armar a los rebeldes mostró ayer los límites del consenso internacional para derrocar a Gadafi. El Grupo de Contacto para Libia apenas logró maquillar la división que el asunto provoca entre sus integrantes insistiendo en la solución política a la crisis. «Gadafi debe renunciar», concluyeron sin aclarar cómo van a conminarle a ello. La reunión de Doha supuso un espaldarazo para el Consejo Nacional Transitorio (CNT), al que reconoció como «interlocutor legítimo que representa las aspiraciones del pueblo libio». También aprobó la creación de un «mecanismo transitorio de financiación» para ayudar a los opositores.

«Gadafi y su régimen han perdido toda la legitimidad; debe dejar el poder y permitir que los libios determinen su futuro», afirma el comunicado final de la conferencia. El Grupo de Contacto para Libia está formado por 16 países y los representantes de la ONU, la Liga Árabe, la OTAN, la UE, la Organización de la Conferencia Islámica y el Consejo de Cooperación del Golfo. Es la primera vez que esa coalición internacional de apoyo a los sublevados libios respalda de una forma tan clara el cambio de régimen en Trípoli.

El Grupo se reunió además con el CNT, el órgano que representa a las fuerzas rebeldes que controlan el este de Libia, al que reconoció de facto como «interlocutor legítimo que representa las aspiraciones del pueblo libio». Hasta ahora solo tres países (Francia, Italia y Catar) habían institucionalizado sus relaciones con los opositores, aunque EE UU nombró a un enviado temporal y Turquía ha mantenido a su cónsul general en Bengasi.

En ese contexto, la ministra española de Exteriores, Trinidad Jiménez, anunció el nombramiento del embajador José Riera como enviado especial ante el Consejo. Jiménez, que también invitó a Madrid al número dos de ese Gobierno rebelde, Ali al Esaui, subrayó que España ha destinado cinco millones de euros a establecer un corredor humanitario en la zona bajo control rebelde.

Cualquier contribución palidece a la luz de los 1.500 millones de dólares (1.040 millones de euros) en que el portavoz de la delegación libia, Mahmud Awad Shaman, evaluó las necesidades de los civiles. Shaman llegó a sugerir que se les proporcione ayuda a cambio de petróleo. Para solucionar esa falta de efectivo, el Grupo de Contacto decidió poner en marcha «un mecanismo financiero transitorio». Aunque el comunicado final no explica cómo va a funcionar, varios ministros explicaron que van a desbloquearse las cuentas bancarias que se habían congelado al régimen libio para que sirvan de garantía a los préstamos que solicite el Consejo.

El armamento, centro de la polémica

Pero el respaldo político a los rebeldes no se tradujo en un compromiso para facilitarles las armas que les ayudarían a defenderse, como reclamaba Shaman. Mientras Italia defendía abiertamente esa opción y Reino Unido y Francia deseaban aumentar los bombardeos, Alemania, Turquía, Bélgica y España insistieron en agotar primero la vía política.

Armar a los rebeldes «requeriría una nueva resolución de la ONU o una reunión del comité de sanciones, porque la 1973 excluye esa posibilidad», explicó la ministra de Exteriores española. Según ella, los representantes del CNT tampoco lo pidieron durante su reunión con el Grupo.

El jeque Hamad bin Yasem al Thani, primer ministro y jefe de la diplomacia de Catar, país anfitrión de la conferencia, reconoció que el asunto había sido objeto de un intenso debate. «Hay distintas interpretaciones [de la resolución 1973], aunque en mi opinión es algo que les compete a los rebeldes», declaró dejando la puerta abierta.

El copresidente de la reunión, el secretario del Foreign Office británico, William Hague, dijo que su país les ha entregado «material no letal de defensa, como teléfonos por satélite y otros equipos de comunicación». A su lado, el ministro italiano de Exteriores, Franco Frattini, afirmó que la resolución «no prohíbe el abastecimiento de armas para autodefensa». «Dado que la táctica de Gadafi es atacar a los civiles y que tenemos que protegerles, ¿cómo podemos hacerlo? Está institucional y moralmente justificado», defendió.

«Es fundamental que hablemos con una sola voz», subrayó en Doha el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien insistió en el aspecto humanitario. Según sus datos, medio millón de los seis millones de libios han huido de los combates y buscado refugio en los países vecinos. Por ello, aprovechó la cita de Doha para pedir 310 millones de dólares (214 millones de euros) para asistencia.

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