Es probable que ésta sea la crónica del punto final de una recuperación que, en realidad, nunca fue tal . Quizá Boca no haya despertado nunca, jamás se haya recompuesto ni, menos que menos, haya resucitado y empezado a andar. Pensar que, antes de pisar la cancha de Lanús, se sostenía que Boca estaba prendido en la pelea…

Más que en la pelea, Boca está peleado.

Con la historia, con la gente, con la vida.

Tal vez todo se haya tratado de un espejismo: ese verano prometedor en el que Boca volaba, ese equipo ligerito que se comía a los rivales crudos , ese plantel que no paraba de amontonar figuras, ese Falcioni que llegaba para poner las cosas en orden.

Hasta la reciente remontada en Santa Fe y en la Bombonera parece un invento, una mentira, algo que jamás sucedió.

¿Habrán existido realmente esos goles de tiro libre de Riquelme a Colón y a Estudiantes? A juzgar por la actuación de Román de ayer, no parecen ser ciertos esos golazos que les clavó a Pozo y a Orion.

El único coherente en toda esta historia es Palermo : no hizo goles ni cuando el equipo empezó mal el torneo, no convirtió en la supuesta recuperación de las dos fechas anteriores y siguió con la garganta seca ayer, cuando todo volvió a la normalidad tras la quinta derrota en nueve fechas .

Hablando de volver… Boca perdió.

Se vino del Sur con la frente marchita . Fue otra vez el Boca inexpresivo y alarmante de los últimos dos años. Volvió todo para atrás, a fojas cero, a la nada misma. Ahora todo está de nuevo en dudas.

El sistema en homenaje a la Diosa cautela.

Los cinco defensores. Falcioni. La soledad exasperante del 9 , se llame Palermo, Viatri o como se llame. Los dirigentes. Hasta Riquelme, de bastante flojo partido en el 0-2 ante Lanús, abre signos de interrogación.

Boca es así: pasa de no ser nada a creerse con derecho a pelear la punta.

Y de ese envalentonamiento desmedido a la preocupación por estar donde está: a ocho puntos del líder River, casi afuera de la lucha por el título , a años luz de las copas, cada vez más cerca de tener que empezar a mirar los promedios.

Boca es así, desparejo . Un Somoza cada vez más patrón en el medio y un Erviti que sigue sin dar señales de haber sido alguna vez un crack. Boca es así, distraído : ¿hasta cuándo las distracciones de Monzón, que en una de sus típicas lagunas ni se avivó de que tenía un pase de Insaurralde. Boca es así, dormido : le llegaron tres veces y le hicieron tres goles (uno, el de Leandro Díaz, fue anulado por posición adelantada).

Ayer, el día exacto para ratificar, se llenó de interrogantes . Era un domingo para ver si le daba el cuero para prenderse y terminó prendiéndose fuego . Era el día para terminar de ajustar el sistema, el 5-3-1-1 que venía de dos victorias consecutivas. No sólo no pudo calibrarlo sino que lo puso en peligro de muerte: el sistema quedó con riesgo de vida . ¿Hasta dónde podrá sostenerlo Falcioni? Llegar, casi no llega. Y cuando le llegan, le convierten. ¿Por qué demoró tanto el ingreso de Mouche ayer, cuando se veía que Boca podía ganarlo? ¿Era el Pochi Chávez el que tenía que salir? ¿Y Erviti, que se la pasó en el piso y sin poder resolver ni una sola jugada? ¿Se habrá tratado de una cábala que los cambios de Julio César hayan sido iguales que ante Estudiantes, cuando Boca ganó sobre la hora con aquel gol de Viatri? De haber sumado de a tres, Boca tendría hoy varias respuestas . Sin embargo, le quedan un millón de dudas.

¿Puede un grande como Boca recibir a este golpeado Tigre en la Bombonera con cinco defensores y un solo punta ? ¿Puede Boca dejar de dar lástima algún día? ¿Hasta cuándo, Boca? ¿Cómo puede ser que no gane tres partidos seguidos desde octubre de 2009, hace 17 meses? ¿Cómo puede ser, Boca?

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