Arancibia en el Vía Crucis: «Hasta el peor delincuente puede recuperarse»

Más de 16.000 personas pasaron por el Calvario de Carrodilla. Monseñor Arancibia presidió la ceremonia. Criticó el estado de las cárceles.

Cerca de 300 fieles que comenzaron a llegar durante las primeras horas de la mañana del viernes santo al Calvario de Carrodilla participaron del Via Crucis, ceremonia encabezada por el Arzobismo de Mendoza José María Arancibia. Durante la ceremonia, en la que se reconstruyeron los últimos instantes de la vida de Cristo, pasando por el momento de la crucifixión y del domingo de la resurrección, los fieles oraron principalmente por mayor seguridad, al tiempo que agradecieron por la salud, el bienestar y el trabajo.

En tanto, durante todo la jornada de ayer más de 16.000 fieles se acercaron al Calvario y a la parroquia de la Carrodilla, llevando todo tipo de ofrendas, desde velas y flores hasta mercadería y alimentos no perecederos. Esta última iniciativa fue fomentada por el párroco de la iglesia, el padre Antonio Mariangeli, quien impulsó la entrega de alimentos para comedores y familia carenciadas, en lugar de -o junto con- las ofrendas características.

Minutos después de las 10, acompañado por un grupo de seminaristas, Arancibia comenzó con el recorrido religioso, que está compuesto por 13 estaciones, y en cada una fue dando un mensaje a los 300 fieles que lo acompañaron.

Al llegar a la última estación -que representa el momento en que Jesús baja de la cruz-, Arancibia reflexionó sobre la significación de la cruz y lo que los fieles deben encontrar en ella. «La Cruz no es sólo una tortura, fue un suplicio y Dios la convirtió árbol de vida que, como todo árbol, produce frutos. No seguimos el camino de la cruz para torturarnos, sino para tener una vida fructífera. La mirada puesta en la Cruz de Jesús ofrece vida, perdón para quienes están enojados con los demás. La Cruz es un árbol y yo vengo a este árbol de vida porque necesito de la gracia de Jesús», dijo Arancibia, previo a cerrar la ceremonia religiosa con un Padre Nuestro y un Ave María, como en cada estación.

Tras poco más de una hora y cuarto, al final del Via Crucis, Arancibia dialogó con los medios periodísticos y, si bien resaltó el problema de la inseguridad, se mostró conciliador. «Nos toca trabajar en positivo, para que la gente empiece a valorar la vida. Mirar la Cruz de Jesús es valorar la vida, honrar la Cruz es honrar la vida, porque Jesús ofrendó su vida por la nuestra», destacó el religioso al ser consultado sobre la creciente inseguridad, que ha llevado a numerosos y desesperados sectores sociales a clamar por la pena de muerte.

«Obviamente me pliego al pedido de la gente por más seguridad. La inseguridad es un mal constatado, y lo que tenemos que hacer es buscar remedios. Por eso yo hablo resaltando los valores de la familia y la unidad. Los hombres pelearon siempre, desde que están en la tierra. Hay una parte violenta en nuestros corazones y en la primera familia que habitó ya hubo un crimen, cuando Caín mató a Abel. Pero en los 50 años que llevo como cura, siempre para Semana Santa existen este tipo de pedidos de bien, de seguridad, porque siempre hay crisis y enfermedades con las que cargamos. La Pascua es el auxilio, la mano que Dios nos ofrece para valorar la vida», sostuvo Arancibia.

«Hasta el peor criminal puede recuperarse, quizás no con las cárceles como las tenemos hoy en día», sentenció el Monseñor, quien prefirió no referirse a la distinción que recibió la mujer policía que mató a un ladrón cuando éste intentó asaltarla en El Algarrobal. «Prefiero no opinar mucho, es un juicio procedente de una autoridad», se refirió escuetamente Arancibia cuando se le preguntó si estaba de acuerdo con la felicitación que recibió por parte del Gobierno la mujer policía, quien además fue ascendida de rango luego de este episodio.

Más concurrencia

El clima primaveral vivido durante los dos últimos días fue más que propenso para la multitud que se acercó el jueves y viernes santo al Calvario. El subcomisario de la departamental Luján, César Temporín confirmó que, desde los primeros minutos del Viernes Santo hasta el final del día, más de 16.000 fieles se acercaron a la parroquia y al Calvario, al tiempo que destacó que todo se registró «con total normalidad».

«Todos los años venimos. Lo hacemos para recordar la muerte de Cristo y acompañarlo. También venimos a agradecer al Espíritu Zanto por el trabajo, la salud y la familia», destacaron Cristina Irusta y su madre, Crispina Chacón, ambas de Lunlunta.

En tanto, José Correa -un fiel del distrito maipucino de Beltrán- también destacó que se acercó a la iglesia a agradecer por lo que ya tenía, «aunque también aprovecho y vengo a pedir por la seguridad, porque la situación cada vez está más incontrolable y así no se puede vivir», sostuvo el hombre, de 59 años.

Las reverencias y muestras de devoción fueron una constante en cada estación, donde los fieles se persignaban, se arrodillaban y hasta besaban las representaciones de Cristo.

En las inmediaciones tanto de la parroquia como del Calvario, más de 400 puestos de venta permanecieron instalados durante el jueves y el viernes, con mercadería de lo más variada. Desde rosarios, estampitas y figuras religiosas hasta CDs de música y DVDs de películas, pasando por comida y gaseosa, todos los puestos estuvieron permanentemente repletos de fieles.

Sin embargo, todos los comerciantes coincidieron en que, si bien este año la concurrencia fue mayor que la de años anteriores, las ventas cayeron notablemente. «La gente mira mucho, pero termina llevándose poco», destacó Mario Flores en su puesto de artículos religiosos que incluía desde rosarios hasta figuras de la Virgen y Jesús.

Además del Via Crucis tradicional, que comenzó a las 10 en el Calvario, ayer por la tarde en el mismo lugar se repitió esta ceremonia, aunque esta vez fue especial ya que fue orientada a personas sordo mudas, por lo que la reconstrucción de cada estación se hizo con lenguaje de señas.

En tanto, a las 18 en la Catedral de Loreto se celebró La Pasión de Jesús, también con la presencia de Arancibia, mientras que a partir de las 21 tuvo lugar la procesión del Via Crucis por las calles céntricas. Los fieles partieron portando velas y ofrendas desde la iglesia Corazón de María -en Martín Zapata y Rodríguez, de la Quinta Sección- y confluyeron en la iglesia de los Jesuitas -Colón y San Martín-.

(LosAndes)