Por Marcelo Zlotogwiazda

Antes que nada el desayuno. Inglaterra importa maíz y produce muy poca avena, a pesar de lo cual exporta cereales para el desayuno por más de 600 millones de dólares por año. La Argentina es un gran productor de esos dos ingredientes básicos de los cereales para desayunar, y sin embargo apenas exporta por 18 millones de dólares anuales. Es sí un gran exportador de maíz, pero con la particularidad de que casi todo lo que se envía al exterior es maíz en grano, y sólo una mínima fracción es exportación de maíz transformado en carne, en lácteos o en productos de molienda, es decir con valor agregado. Como parámetro comparativo obsérvese que mientras aquí se exporta como grano dos tercios del maíz que se cosecha, en Estados Unidos esa proporción baja al 17 por ciento y en Brasil al 12 por ciento.

En segundo lugar el almuerzo. Italia es importadora neta de trigo. Pero exporta pastas y productos de panadería por 4.550 millones de dólares por año. En la Argentina, donde el trigo abunda, esas exportaciones ascienden a sólo 123 millones de dólares. Al igual que el maíz, el mucho trigo que se exporta es casi todo en grano, algo de harina, y un poquito de trigo elaborado en pastas y galletitas.

Los datos surgen de un trabajo que la semana pasada presentó Ieral, el instituto de estudios económicos de la Fundación Mediterránea, titulado “Una Argentina Competitiva, Productiva y Federal”. Según ese informe, si el país aprovechara mejor la enorme disponibilidad de trigo y maíz para ganar mercados internacionales con derivados de esos dos granos que incorporen valor agregado, se podrían exportar en poco tiempo 2.400 millones de dólares adicionales, y eso generaría 72.000 puestos de trabajo.

Siguiendo con el almuerzo pero sustituyendo la pasta y el pan por carne aviar, observan que Brasil exporta treinta veces más pollo que la Argentina (8.400 vs. 280 millones de dólares), y que también Holanda, Polonia y Bélgica exportan más que nuestro país. Calculan que la Argentina tiene potencial para incrementar en 740 millones de dólares anuales las exportaciones de carne aviar y porcina, lo que crearía otros 72.700 puestos de trabajo.

Y no es que la fundación que a mediados de la última dictadura catapultó a Domingo Cavallo a los primeros planos esté propiciando sólo la conveniencia de fortalecer las cadenas de valor de las materias primas agropecuarias. Por ejemplo, también estiman que el país podría casi triplicar (hasta 680 millones de dólares) lo que actualmente exporta de maquinaria agrícola, y para eso se requeriría 27.500 obreros adicionales. El estudio recuerda que hace diez años las exportaciones de maquinaria agrícola de Brasil y la Argentina eran equivalentes, y destaca que actualmente las de Brasil septuplican a las nuestras.

Y por fuera de la industria, la misma lógica los lleva a afirmar que en el sector servicios el país está en condiciones de aumentar las exportaciones de software y servicios informáticos de los actuales 1.000 millones de dólares a más de 6.000 millones en pocos años, para lo que se necesitaría emplear a 77.000 personas más que ahora.

Algo similar con el turismo. Sostienen que si de aquí al año 2020 el país lograra captar el 0,6 por ciento de los 180 millones de nuevos turistas que para entonces saldrían solamente desde China, India y Rusia de acuerdo a las proyecciones de la Organización Mundial de Turismo, eso representaría nada menos que un millón de visitantes a la Argentina, con un ingreso adicional de 1.400 millones de dólares y empleo extra para 62.000 personas.

En resumen, el documento plantea que agregando valor y densidad a una serie de cadenas productivas (a las mencionadas se suman vinos, frutas, minería, madera, entre otras) en las que el país dispone de materia prima, know how industrial y posibilidad de mayor inserción mundial, se generarían de ahora al año 2020 tres millones de nuevos puestos de trabajo, equivalentes a cerca de la mitad del actual empleo formal, y 32.000 millones de dólares de exportación adicional por año, equivalente a más del 40 por ciento de lo que se exporta hoy.

Más allá de la precisión de los números y dejando de lado la receta que Ieral propone para alcanzar esos objetivos, no hay duda de que el planteo es atractivo y desafiante. Muestra un sendero posible para, aprovechando los recursos disponibles, poder avanzar en un modelo de desarrollo que disminuya el grado de primarización que hoy tiene la estructura productiva y exportadora del país.

La pregunta que surge es si el gobierno está haciendo algo sustancial en ese sentido. La respuesta es afirmativa, aunque la acción comenzó tras una muy prolongada demora. Lo primero fue el Programa de Financiamiento Productivo del Bicentenario anunciado a mediados del año pasado, que consiste en una línea de 8.000 millones de pesos de fondos provistos por el Banco Central para otorgar créditos a cinco años de plazo y con una tasa de interés fija el 9,9 por ciento anual a proyectos que sustituyan importaciones o produzcan para el mercado externo. Ya hay aprobados 116 proyectos por casi 2.800 millones de pesos, y están en evaluación otros 133 proyectos por algo más de 3.600 millones. Las ramas con mayor cantidad de préstamos aprobados son la automotriz, la agroindustria, el sector avícola, y laboratorios y biotecnología.

En cuanto a concepción estratégica, lo más consistente recién se presentó en sociedad en febrero pasado. Es el denominado Plan Estratégico Industrial Argentina 2020, que tiene como objetivos fundamentales fortalecer las cadenas de valor, disminuir el déficit industrial y aumentar el empleo. El Plan ni siquiera está formulado, sino que se convocaron diez foros para definir las respectivas estrategias, de los cuales ya se reunió el de la cadena cuero-calzado-marroquinería, al que le seguirán autos y autopartes el próximo 12 de abril y medicamentos el 26 de este mes. Los otros siete sectores seleccionados son alimentos; textiles y confecciones; madera, papel y muebles; material de construcción; bienes de capital; maquinaria agrícola; software, y productos químicos y petroquímicos.

Más vale tarde que nunca.

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