A Mauricio Reina Mulena no le bastó apuñalar 29 veces a Luciano Redemí para matarlo. Cortarle el tatuaje que la víctima tenía en la espalda y comérselo fue el punto culmine del asesinato que Mulena cometió el 7 de mayo de 2006 en una bodega abandonada de Gral Alvear, Mendoza, delito por el que la Justicia lo condenó a prisión perpetua bajo la carátula de “homicidio agravado por alevosía”.

La recreación del crimen y su juzgamiento finalizó el pasado martes en el Tribunal de la Primera Cámara del Crimen de la ciudad mendocina. Según tres jóvenes testigos del hecho –los cuales fueron sentenciados por encubrimiento- ese día de mayo se encontraban reunidos en un piletón de una bodega de General Alvear,  cuando estalló una discusión entre Mulena y Redemí.

El intercambio verbal derivó en una trompada del primero al segundo, quien terminó postrado en el suelo en estado de indefensión. Mulena aprovechó ese momento para subirse al abdomen de la víctima, apuñarla 29 veces, cortarle el tatuaje que Redemí tenía en la espalda, y comerse ese pedazo de piel. Según los procesos judiciales, el cuerpo del joven de 21 años fue enterrado en otro sitio por el asesino y sus encubridores, quienes aseguran que el atacante también le cortó a Redemí un segundo tatuaje que el joven tenía en una pierna, pero que no lo había ingerido.

Reina Mulena recién fue detenido en enero de 2009, casi tres años después del hecho, en el barrio porteño de San Telmo. Las declaraciones de quienes estuvieron presentes en el delito proporcionaron pruebas determinantes de su culpabilidad e impulsaron la sentencia de cadena perpetua por “homicidio agravado por alevosía” ya que la víctima estaba indefensa cuando ocurrió la parte más violenta del ataque.

Para los cómplices el dictamen fue diferente. Sergio Baigorria y Héctor Sepúlveda fueron condenados respectivamente a cuatro y dos años de prisión por encubrimiento, mientras que el tercer joven, que era adolescente cuando fue perpetrado el crimen, fue alojado en un instituto de menores.

Por su parte, la defensora oficial del acusado, María del Carmen Camiletti, solicitó la absolución de Reina Mulena por considerar que no había más pruebas en contra de él que los testimonios de las tres personas que lo acompañaban, quienes podrían haberse confabulado para culparlo.

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