Un estudio confirma la sospecha de que el uso de cucharas convencionales de cubertería para medir medicamentos líquidos tiende a conducir a una dosificación considerablemente excesiva o insuficiente.
Aunque la medición de la dosis mediante cucharas de cubertería es una de las causas principales de intoxicaciones pediátricas, el 70 por ciento de los pacientes que toman alguna medicina líquida las usan para esta tarea.

En el estudio, realizado por especialistas de la Universidad Cornell y el Instituto Tecnológico de Georgia, se pidió a casi 200 estudiantes universitarios que habían visitado recientemente el centro médico de su universidad que calculasen a ojo una dosis de un medicamento líquido mediante una cuchara de cubertería.

Los investigadores constataron que los estudiantes cuando usaban cucharas de tamaño medio, infradosificaban en más de un 8 por ciento, y sobredosificaban en casi un 12 por ciento de promedio, pero hasta un 20 por ciento más cuando usaban cucharas más grandes. Aún así, los participantes estaban convencidos de que habían vertido las dosis correctas en todos los casos.
Los participantes en el estudio prepararon las dosis a mediodía, estando bien descansados y en una habitación perfectamente iluminada.

Pero en mitad de la noche, cuando se está somnoliento, o se actúa con nerviosismo y prisa porque hay un niño llorando, las probabilidades de cometer un error en la dosificación son indudablemente mucho mayores.

Durante el transcurso de un día, tomando el medicamento cada seis horas, o cada cuatro, o con una cadencia menor pero durante días, estos errores en la dosis se acumulan de forma peligrosa. Esta acumulación de errores puede conducir a un nivel pernicioso de sobredosis, o a una dosificación insuficiente, por debajo del nivel mínimo de eficacia.

Debido a que la eficacia de un medicamento está vinculada a menudo con su dosis, la gente debería usar cucharas graduadas, u otros enseres graduados, como los diseñados específicamente para dosificación de medicamentos líquidos, en vez de asumir que puede confiar en su capacidad de calcular a ojo con cualquier cuchara convencional.
Brian Wansink y Koert van Ittersum han trabajado en el estudio.

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