Argentinos perdía 3-1 con Independiente y parecía resignado. Pero lo empató en el filal y Caruzzo metió el cuarto en el descuento. Así, quedó primero porque Estudiantes no le pudo ganar a Central, que va a la Promoción. Un final recontraemotivo del Clausura.

El llanto de Ortigoza, la desesperación de la gente en La Paternal y la punta. Todo el ecosistema necesitaría de la invención de una nueva palabra para su comprensión: Argentinazo, señoras y señores. Porque entre tanto descontrol, al Rojo le faltó raid para matar al Bicho. Aunque el que parecia que lo tenía ganado era Independiente, Argentinos no se rindió y quedó ahí del título.

El equipo de Borghi arrancó mejor pero el gol olímpico de Núñez sacudió el partido. La pregunta se caía de madura cuando el equipo de Gallego le sacó la pelota al del Bichi. ¿Cómo lo hizo?, frente a un rival que la trata bien y que sabe cómo, cuándo y dónde ponerla, que necesitaba ganar para seguir soñando. En ese instante parecía que la punta de este Clausura, pesada si las hay, acusaba dos mil toneladas en la balanza. Llegó el gol de Gandín y el 3 a 1 del Gordo y la desilusión le daba la mano al error.

Pero por algo el puntero, a estas instancias, no era Independiente. Las equivocaciones propias -una constancia de los de Avellaneda en todo el torneo- y el empuje mismo del Bicho, llevó a que todos dejaran en manos de Gabbarini las chances de vivir la última fecha. Y respondió, varias veces respondió. Como en todo el campeonato. Sin embargo, la sensación en el verde césped era que Argentinos no iba a dejar que las cosas quedaran así. Iba a morir de pie.

Pavlovich le dio vida, a veinte del final, a la remontada. A esta altura, una utopía. El empate era un resultado positivo, pero cuando llegó en los pies de Sabia, Argentinos no se calmó. Estudiantes empataba y la punta era posible. Tres minutos después se soltó el grito, se llegó a la cima y se pusieron a bombear los corazones. Caruzzo había hecho del Bicho, una mariposa.

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