La Selección tuvo su tarde soñada ante el campeón del mundo. Se mostró ordenada y con manejo de juego. Pero el resultado no debe opacar la verdadera búsqueda: la identidad albiceleste.

El partido, en la cancha, lo ganó Argentina y lo perdió España. El vencedor final y feliz, sin embargo, fue Santa Mónica, la empresa dueña de los derechos comerciales de ambas selecciones. Su firma vistió al Monumental, en la pantalla gigante y en las paredes de las escaleras de la platea. Fue el telonero de la jornada. La salida de los jugadores para el calentamiento tuvo una misma respuesta: silbidos y aplausos. Los locales recibieron más de los primeros que de los segundos. Y los visitantes, lo contrario. La calidez del público con los campeones del mundo era una mezcla de admiración y del dolor de ya no ser.

David Villa y Xavi, recostados en el banco de suplentes, disfrutaban del sol de la tarde. Pero un momento cortó de cuajo la pasividad de protagonistas y espectadores. Fue una ráfaga. Unos 200 hinchas españoles empezaron a cantar el soso “Campeones, campeones, oe oe oe”. El duelo entre Argentina y Brasil del Mundial de básquet captó la atención. Los plateístas dirigían sus ojos a los televisores. En la popular, la radio. Un policía, en la Belgrano Baja, no aguantó y puteó por la quinta falta de Hernán Jasen en Turquía. El fútbol -como al rugby en el Mundial 2007- le cedía su espacio al básquet. Y, como si faltara un condimento, se regó el césped y brotó un arco iris en el círculo central.

La victoria del básquet calentó el ambiente. Iniesta, casi como Tevez, fue alabado en la presentación de las formaciones. Antes de mover la pelota, ya alistados, el autor del gol en la final de Sudáfrica 2010 abrazó a Lionel Messi. Fue una especie de transferencia de poderes. Porque a los 12 minutos Argentina se imponía 2-0, con un golazo de Leo, que en la celebración se besó la celeste y blanca con bronca, y una definición ajustada de Higuían. El ala derecha -Zanetti, Banega y Messi- edificó el segundo triunfo de Sergio Batista como DT de la Selección. El Pupi con marca y salida; el mediocampista de Valencia con corte y confección; y Messi, por supuesto, con desequilibrio puro.

Pasaron 27 minutos para el primer disparo al arco de la Nueva Furia: Villa rompió el vértice del ángulo. El resultadismo, entonces, dijo que la Roja aburría con su toque y posesión de pelota, porque estaba abajo 2-0. El resultadismo, cuando está arriba, asegura que eso es tener paciencia para sorprender. Se alimentó su afirmación cuando Reina resbaló con su pie de apoyo y le entregó el tercero al sacrificado Carlitos Tevez. “Olé, olé, olé, Pepe, Pepe”, chicaneó la tribuna. España se tomó el partido como lo que fue: un amistoso. Escatimó esfuerzos y falló las múltiples situaciones de gol de la segunda mitad.

Si el plan de Batista incluye como silencioso líder a Messi, el cambio a dos minutos del final lo ratificó. Fue para la ovación, para marcar territorio y complicidades. Lionel electrificó el juego con un arranque desde mitad de cancha. Terminó en gol -anulado por offside- de Di María. Despertó asombros. La Roja cayó, entre otros aspectos, porque Piqué nunca sacó su lanza que empuja desde la zaga central y porque Xavi sólo colocó una puñalada a la defensa argentina. Fernando Llorente descontó y el Kun Agüero, de cabeza, firmó el 4-1. “¡Es un afano, suspéndanlo!”, se animó a entonar, también soso, un sector. Palmas y cohetería para el cierre.

El equipo recuperó orden ante el caos maradoniano, un lateral-lateral (Zanetti) y promete buenas intenciones. “Un resultado negativo no debería proscribirlo, pero uno positivo tampoco debería asegurarle la elección”, escribió el periodista Daniel Arcucci en La Naciónsobre Batista, en la antesala del encuentro. El Checho tiene como norte a España. Pero España se cimentó en la base y el modelo de Barcelona. Y el Barça tiene un proyecto de años, que abarca un concepto de juego desde el primer equipo hasta los infantiles. El pase corto, la tenencia del balón y la movilidad no es un invento de la escuela catalana. Los memoriosos recuerdan que ese fue el estilo de nacimiento del fútbol criollo para diferenciarse del inglés. El entrenador de Argentina, cuentan en la intimidad, no se banca al manager Carlos Bilardo , en la vereda de enfrente en el plano futbolístico. ¿Hay proyecto? Eso también es la Selección.

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