Ya saben ustedes que los hombres fanas de la depilación no me gustan. Pero hoy, después de vivir una situación estresante el fin de semana (y no hablo del robo), vengo a hablar mal de los hombres que se depilan el pecho y luego andan por ahí mostrando los canutos como si nada.

Porque si hay algo que las mujeres sabemos, es sobre canutos. Nosotras tenemos por todos lados pero socialmente intentamos esconderlos y mantener nuestra piel suave y lampiña. Pero el problema acá son los hombres. Se piensan que tener pelos está mal y se los sacan, pero sin dolor y si uno no sufre no consigue nada bueno.

Ellos se afeitan el pecho, se a-fei-tan. Entonces cuando empiezan a crecerles los que antes eran vellos, les queda la piel como con alambres de púas. Y me río cuando lo digo porque no hay una imagen que represente más lo que digo.

Todo esto surgió el sábado, cuando estaba en la casa de mi prima, en la pileta y llegó su amigo M. Eme de Musculoso y Machote. Divino, bronceado, un amor. Pero a medida que se iba acercando yo iba modificando mi cara. Tenía unos pelos de más o menos 5 días. Y le quedaban muy mal. O mejor dicho, más que mal, horripilante como dice mi amiga Paula.

Y ya con eso no hay nada que pueda hacer para cambiar su imagen. No hay sonrisa radiante que me pueda regalar, no hay abdomen que pueda trabar, no hay nada que pueda hacer para que yo deje de pensar en sus canutos y pase a sus ojos, por ejemplo.

Ya está. Para mí, no sé si para todas las mujeres será igual, si un hombre llega con los pelos del pecho a mitad de crecer, ese macho deja de contar como tal y se convierte en una amiga más, o incluso en menos que eso.

Fuiste nene.

Por Ingrid Briggiler

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