Los policías que rescataron a la bebé del fuego y la revivieron

La experiencia de dos policías que rescataron a una nena del fuego y de las balas, durante una noche violenta en el barrio Olivares. Por el caso hay tres procesados. Se trataría de un problema entre vecinos.

Los auxiliares Bode y Mayorga se suben todos los días a un móvil y, mientras patrullan las calles, saben que en cualquier momento va a sonar en la radio la desafinada voz del inspector Rivera para decirles dónde está la acción.

El lunes pasado, a las dos, Rivera les dijo que en el barrio Olivares había un tiroteo. A los dos segundos le sumó al asunto un incendio.

Andrés Alejandro Bode (29) -un auxiliar con tres años en la fuerza, casado, tres hijos, de Tunuyán- y su par, Mauricio Gonzalo Mayorga (22), -lavallino, de novio, con sólo ocho meses de servicio- fueron los primeros en llegar al lugar y -entre los tiros y las llamas- salvaron a Martina Guadalupe, una niña de tres meses, a la que le dieron respiración boca a boca.

Los policías patrullaban las calles de la Sexta Sección de ciudad, cuando les indicaron que se desplazaran.

Los jóvenes uniformados, que forman parte de la flamante Unidad Especial de Patrullaje de Capital dirigida por el comisario Roberto Lucena, llegaron rápidamente.

«Cuando íbamos llegando escuchamos los disparos, nos acercamos y vimos el resplandor de las llamas. El fuego estaba declarado en cuatro casas», rememora Mayorga.

Sin dudarlo, los policías bajaron del móvil y llegaron hasta los caseríos incendiados. Entraron a un patio y escucharon gritos de mujeres y niños. Como no podían ingresar por allí, volvieron a salir para buscar otra entrada.

Al rodear la casa vieron a una mujer mayor que tenía una bebé de tres meses en brazos y venía gritando.

¿Buenos o malos?

«No sabíamos si eran los ‘buenos’ o los ‘malos’. No había luz, los disparos seguían escuchándose. La mujer decía que la nena tenía convulsiones. Tomé a la nena, la abracé, me agaché y me fui para el móvil», cuenta Bode.

Los uniformados, con la niña y la abuela, subieron al auto y se dirigieron a un lugar seguro. En una calle del barrio Flores Sur decidieron parar porque la niña no estaba bien y “la abuela gritaba como loca”.

«Paro el móvil. Le agarro la cabecita y le hago respiración boca a boca», dice Mayorga.
«La bebé no respiraba, estaba morada, con la mirada perdida. La mujer gritaba. En ese momento te pasan mil cosas por la cabeza. Continué con las maniobras de resucitación hasta que largó el llanto», agrega Bode.

En cinco minutos la pequeña estaba en el Hospital Lagomaggiore, donde los doctores determinaron que la niña estaba en perfecto estado de salud.

Pese al eficaz trabajo realizado, los jóvenes uniformados no bajaron los brazos: volvieron al barrio Olivares para apoyar a sus compañeros.

Ni bien llegaron, escucharon por la radio que pedían una linterna para buscar a un bebé.
«Entonces preguntamos si se llamaba Martina Guadalupe y nos dijeron que sí, que estaba bien, en el hospital. Terminamos llevando a la madre al Lagomaggiore», finaliza Mayorga.

(LosAndes)