La ultraderecha, cada vez más cerca de dirigir la diplomacia en Israel

El líder de un partido ultranacionalista israelí alcanzó un acuerdo con el futuro primer ministro, Benjamin Netanyahu, que lo deja al borde de ser el canciller del próximo gobierno. La designación preocupa a la Unión Europea, que teme que su designación dañe los lazos y complique el proceso de paz con los palestinos.

El líder de un partido ultranacionalista israelí alcanzó un acuerdo con el futuro primer ministro que lo deja al borde de ser el canciller del próximo gobierno, pese a los temores de la Unión Europea (UE) de que su designación complique el proceso de paz con los palestinos.

Avigador Lieberman, líder del partido Yisrael Beitenu, fue acusado recientemente de racismo por proponer que los árabes israelíes firmen un juramento de lealtad para no perder su nacionalidad. Aunque no se espera que prospere la iniciativa, su nombramiento podría dañar los lazos internacionales de Israel.

La llegada de Lieberman a la cúpula de la diplomacia israelí quedó a un paso de concretarse luego de que Yisrael Beitenu alcanzara anoche un acuerdo de coalición con el primer ministro designado y líder del partido nacionalista Likud, Benjamin Netanyahu, quien tiene 15 días de plazo para conformar su futuro gobierno.

La UE urgió a Netanyahu a formar un gobierno que comparta la histórica meta de un Estado palestino que viva en paz al lado de Israel, en lo que se interpretó como una insinuación de que la designación de Lieberman como canciller podría ser visto por Europa como perjudicial para los esfuerzos de paz regionales.

«Déjenme decirles que la forma en que la Unión Europea se relacionará con un gobierno (israelí) que no esté comprometido con la solución de dos estados será muy, muy diferente», dijo ayer el líder de la política exterior del bloque, Javier Solana.

Voceros partidarios afirmaron no obstante que el nombramiento de Lieberman como ministro de Relaciones Exteriores todavía no está acordado definitivamente. Los dos partidos por sí solos no alcanzan la mayoría de las 120 bancas del Parlamento, por lo que aún deben reclutar a otras agrupaciones para su coalición.

La vocera del Likud, Dina Libster, dijo que el convenio alcanzado incluye un compromiso de que ambas agrupaciones acepten como socios de gobierno a partidos más moderados, como la formación Kadima, de la canciller saliente Tzipi Livni.

Este acuerdo deja por lo tanto un resquicio, aunque pequeño, para que Livni continúe al frente de la diplomacia del país. Livni confirmó hoy informaciones de que el Likud había renovado los esfuerzos para reclutarla, pero dijo que los contactos todavía no la habían convencido.

La canciller saliente reiteró que sólo formará parte de un gobierno comprometido con la firma de un acuerdo de paz definitivo con los palestinos.

«No es ningún secreto que durante la semana pasada hubo discusiones con el presidente del Likud, la persona designada para formar gobierno. Pero las cosas no cambiaron», dijo Livni a un grupo de legisladores de Kadima, según informó la agencia de noticias DPA.

La dirigente señaló que aunque estaba lista para unirse a Netanyahu como iguales, no se sumará a un gobierno sólo para dar legitimidad a una alianza con Lieberman y otros «halcones». «Esta es una tesis central para cualquier gobierno de unidad. No unirse para fortalecer a un gobierno cuyas posiciones no son las nuestras», declaró.

Libster, vocera de Netanyahu, dejó abierta la puerta a un posible acuerdo con Livni. «Tanto Likud como Yisrael Beitenu quieren un gobierno amplio», dijo la portavoz. El acuerdo con Yisrael Beitenu es el primero que alcanzó Netanyahu desde que recibió encargo de formar gobierno, el mes pasado.

La coalición en formación incluye a nacionalistas laicos y partidos de la derecha religiosa con una política hacia los árabes y los palestinos más dura que la del gobierno saliente del actual premier Ehud Olmert. Netanyahu cuestionó las negociaciones con los palestinos lanzadas a fines de 2007 en Estados Unidos, cuyo objetivo final es la creación de un Estado palestino.

Las conversaciones prácticamente no dieron resultados concretos. Netanyahu dice que antes de crear un Estado hay que mejorar las condiciones económicas de los palestinos, y dejar para más adelante los temas de fronteras, soberanía y colonias judías.

En contra de la ley y comunidad internacionales, Netanyahu impulsa una expansión de los asentamientos judíos en Cisjordania, un territorio que debería formar parte del Estado palestino.

Esto podría enfrentar a Israel con el nuevo gobierno estadounidense de Barack Obama, que propugna la creación de un Estado palestino como meta final del proceso de paz. El riesgo de Netanyahu de formar un gobierno sólo con aliados de la extrema derecha es altísimo, máxime cuando se trataría de un gabinete apoyado por 65 diputados.

Su primera etapa como primer ministro (1996-1999) estuvo marcada por desencuentros con su propio partido y formaciones que representan a los colonos. Cuando partía a Estados Unidos para negociar con los palestinos, sus aliados extremistas le retiraron su apoyo, con lo que perdió la mayoría legislativa y el gobierno.

(Telam)